Las redadas de Trump arrestan cada vez a más inmigrantes sin antecedentes

Una hija que nunca regresó a su hogar, un hijo abatido a quemarropa, una madre brutalmente atacada. Todas fueron muertes a manos de inmigrantes indocumentados en el país, historias conmovedoras que la Casa Blanca estuvo ansiosa por compartir.

Pero a pesar de todo lo que se habla de asesinos, violadores y otros “bad hombres”, aquellos que fueron detenidos en la ofensiva contra los inmigrantes del presidente Donald Trump generalmente son acusados de ofensas menores y los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) están arrestando cada vez más a quienes no tienen antecedentes penales.

“Desencadenar al ICE realmente le ha permitido perseguir a más personas”, dijo Sarah Pierce, analista del Instituto de Políticas Migratorias, que llama a la aprehensión de inmigrantes no criminales, en particular, “una característica definitoria del enfoque de inmigración de esta administración”.

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El caso de Mollie Tibbetts —una estudiante de Iowa de 20 años que según las autoridades fue asesinada por un hombre que vive ilegalmente en Estados Unidos— es uno de los últimos que utiliza Trump para avanzar en su argumento de controles de inmigración más estrictos. Sin embargo, las propias estadísticas del gobierno muestran que estos casos son mucho más propensos a ser la excepción que la regla.

Las detenciones de ICE de no delincuentes aumentaron un 66 por ciento en los primeros nueve meses del año fiscal 2018 en comparación con el mismo periodo del año anterior. Mientras tanto, las detenciones de convictos aumentaron casi un 2 por ciento.

Más inmigrantes que no son criminales también han sido deportados. Entre los expulsados del interior de EE.UU. en el año fiscal 2017, hubo un aumento del 174 por ciento con respecto al año anterior de quienes no tienen condenas penales. Las deportaciones de aquellos con condenas aumentaron casi un 13 por ciento durante el mismo periodo.

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El resultado es que los tribunales de inmigración se llenan de acusados como Rubén Moroyoqui, un mecánico de 45 años en Tucson, Arizona, cuyo único altercado con la policía llegó el año pasado, dijo su abogado, cuando fue detenido mientras recogía autopartes.

Primero, el oficial le pidió su licencia. Su segunda pregunta, dijo Moroyoqui, fue: “¿Estás aquí legalmente?”. No fue citado por ninguna violación de tránsito; simplemente fue entregado a ICE, que comenzó los procedimientos para deportarlo a México. Una apelación está pendiente.

Moroyoqui ingresó al país con autorización hace 16 años, pero luego se demoró su visa, ya que no quería regresar a su país debido a la falta de oportunidades allí. Tiene cuatro hijos ciudadanos estadounidenses y dijo que siempre ha pagado sus impuestos. “Siento un gran respeto y amor por este país”, afirmó.

ICE ha presumido sus deportaciones de narcotraficantes, pandilleros violentos y otros acusados de delitos graves, y en el año fiscal 2017, informó que el 56 por ciento de todos los deportados que procesó, tanto en el interior de Estados Unidos como en la frontera, habían sido condenados por crímenes. Pero bajo Trump, como con las administraciones anteriores, cuando un deportado tiene antecedentes penales, generalmente es por infracciones menores.

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Entre los más de 220,000 deportados en el año fiscal 2017, un total de 79,270 no tenían condenas, según datos de ICE alojados en el Transactional Access Clearinghouse de la Universidad de Syracuse. De aquellos con antecedentes, de acuerdo con los datos, uno de cada cuatro tuvo entrada o reingreso ilegal a Estados Unidos como sus delitos más graves. Esos dos cargos representaban el primero y el tercer cargo más común entre los deportados. Conducir bajo la influencia fue el segundo, seguido por condenas de asalto y ofensas de tránsito. El narcotráfico, el robo, la violencia doméstica, el hurto y la venta de marihuana completaron los 10 principales delitos.

Con la atención puesta en la separación de los niños inmigrantes y sus padres este verano, Trump intentó volver a centrar el foco en los inmigrantes peligrosos al organizar un evento en la Casa Blanca con familiares de los asesinados por personas indocumentadas en el país. “Estos son los ciudadanos estadounidenses que están permanentemente separados de sus seres queridos”, dijo Trump. “Estas son las historias que los demócratas y las personas que son débiles en materia de inmigración, no quieren discutir”.

Sin embargo, los delitos más graves, como el asesinato y la violación, son relativamente poco frecuentes entre los deportados. Los estudios también han encontrado que los inmigrantes en Estados Unidos tienen un nivel de criminalidad más bajo que los ciudadanos nativos.

La proporción de deportados no condenados por un crimen fue más alta al final de la presidencia de George W. Bush, cuando dos tercios no tenían antecedentes, según datos de ICE. Las deportaciones totales alcanzaron su punto máximo en los primeros años de la administración de Barack Obama, pero la proporción de personas sin antecedentes penales disminuyó.

En general, cuando se examinan las deportaciones tanto de los atrapados en la frontera como de los que viven dentro del país, el porcentaje de personas sin convicción ha aumentado ligeramente con Trump en comparación con Obama. Pero con el aumento de las detenciones de inmigrantes que ya viven en EE. UU., los expertos esperan que las cifras sigan aumentando.

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