Joven inmigrante lucha contra grave enfermedad (VIDEO)

Samantha Díaz Roberts
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“Los anticoagulantes son caros, pero los puedo comprar con más facilidad. Pero el tratamiento es el problema. Este tratamiento va por venas y me lo tengo que poner la oficina del doctor. Cada tratamiento, cada sección vale 600 dólares. Como yo esto lo voy empezando, tengo que tomar secciones por dos meses, semanalmente. No puedo pararlo una vez haya comenzado. Tengo que terminarlo cuando el doctor diga. Después de los dos meses, él va a ver si lo puedo ir tomando cada dos semanas, según los resultados”, explicó.

Es por ello que la joven ha agotado todos sus recursos económicos, entre citas, análisis y medicamentos. Hoy, apenas le quedan ahorros para iniciar el tratamiento. Una medida que debe tomar a tiempo pues si no lo hace, podría costarle la vida según las recomendaciones de su médico.

“Mi esposo es el único que trabaja. Tenemos tres niños chiquitos. Ya recurrí a cualquier recurso que pueda tener y no encuentro manera, no tenemos ya para pagar nuestro apartamento. Nuestros ahorros se fueron terminando, citas con doctores; $250 cada vez que voy. Es tanto que ya no puedo más. Debo bastante. Cada vez que me pongo mal me hospitalizan y cada vez que entro al hospital, tengo miedo, salen cuentas demasiado grandes que ya no puedo cubrir”, lamentó.

“Cada vez tengo miedo de sentirme mal e ir al hospital porque ya no quiero tener más cuentas. Pues yo necesito mi tratamiento para tener una vida más tranquila”, añadió.

Ruiz señaló, además, que ha buscado maneras de solicitar un seguro médico para apalear los gastos, pero que le ha sido imposible.

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“Intentamos con el ‘Obamacare’, pero no pudimos. Ahora que yo intento aplicar a ‘Obamacare’, me dicen que han cambiado las reglas. Yo he llamado a asociaciones y todo va bien hasta que me piden mi número de seguro social. Yo les doy ni número de seguro social y me dicen: ‘este número no es para un seguro médico. Esto es para trabajar y punto. ‘Tú no tienes derecho porque no eres ciudadana ni residente’. Cada vez que me dicen eso es como si me dieran un golpe al corazón y me dijeran: ‘no tienes derecho a vivir, no tienes derecho a intentarlo, a intentar estar bien por tus hijos y por ti misma’”, expresó.

Hoy, la joven espera por un milagro y apela al buen corazón de la comunidad. “Yo, no es que pida comida o pida cosas materiales, no, eso no es así. Eso yo puedo conseguirlo. Antes de esto nosotros teníamos una vida tranquila. Con lo que mi esposo ganaba teníamos suficiente para vivir. Pero con esto, mi vida no es igual. No nos alcanza. Es demasiado complicado. Yo pido ayuda. Yo no pido no siquiera $20, aunque sea con $1 yo puedo ir ahorrando y pagar. Cada día va pasando más sin tener mi tratamiento. Cada día es un peligro para mí: un no sé qué va a suceder mañana”, manifestó.

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