Casi 100 casos de coronavirus en iglesia hispana de Nueva York

  • Una iglesia en Nueva York reporta casi 100 casos de coronavirus entre sus feligreses.
  • Muchos no tienen acceso a servicios médicos y comparten viviendas con muchas personas.
  • La mayor parte de los feligreses son hispanos sin permiso de residencia en Estados Unidos.

Reyna Martínez guardó silencio cuando el coronavirus se llevó a su madre en Nueva York. Se encerraba en el baño y lloraba allí sin que su padre la viera.

Poco después el virus mató a su padre y ella nuevamente disimuló su dolor porque pensó que su hijita de nueve años sufriría mucho al saber que había perdido a sus dos abuelitos, que vivían con ellas y ayudaban a criarla.

“Quisiera despertar y saber que fue una pesadilla lo que pasó, un sueño, que ellos van a regresar”, dijo Martínez. “Pero ya no, ya nunca los voy a ver”.

Epifania Marcos y Pedro Martínez tenían una granja en la que cultivaban frutas y vegetales en la ciudad costera de Veracruz, en México. Cuando se le detectó un cáncer a Marcos, vendieron todo para pagar los gastos de hospital.

Pedro Martínez trasladó la familia a la Ciudad de México, donde tenía dos trabajos, pero las cuentas seguían acumulándose. En el 2001, emigró a Estados Unidos, donde trabajó como obrero de la construcción.

Marcos se le unió un tiempo después. Recogía botellas que vendía en un centro de reciclaje y ayudaba a cuidar a su nieta Stephany.

Cuando Stephany celebró su primera comunión el año pasado, su abuela la sorprendió con una fiesta y un viaje en limosina, con el que la niña soñaba.

“Hacían lo que fuera por ella”, contó Martínez. “Aun cuando no tenían mucho dinero, le compraban algún regalo”.

Recientemente Stephany lloró desconsoladamente en su habitación, decorada con dibujos de la escuela colgados de la pared. Extraña a su abuelo, que la llevaba a las lecciones de karate, la ayudaba con sus deberes y le enseñó a andar en bicicleta.

Añora también a su abuela, que le enseñó el Ave María, y los platos que cocinaba, sobre todo su pollo con frijoles.

Ahora que no están los abuelos, Martínez y su hija no tienen familia alguna en Estados Unidos. En su casa improvisaron un altar en el piso de la cocina, donde colocaron un crucifijo en el piso rodeado de pétalos de rosas sobre un mantel blanco.

Encienden velas e inciensos durante las novenas –nueve días de rezos en homenaje a los seres queridos–, que comparten con seres queridos de México vía Facebook Live.

“Es duro saber que ya no están aquí físicamente, pero sabemos que se encuentran en el un mejor lugar. Eso es lo que a veces nos mantiene fuertes porque sabemos que ellos ya no van a sufrir”, expresó Martínez. “De acuerdo a la fe que tenemos, a las creencias, sabemos que ellos están bien y que nos están cuidando”.

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