Hispano que traicionó a la MS-13 y colaboró con el FBI fue deportado

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Henry, un joven hispano oriundo de El Salvador, fue forzado a unirse dos veces a la brutal pandilla MS-13; primero en su país natal y luego en Long Island. Pese al riesgo que asumía, decidió convertirse en un informante del FBI para ayudar a las fuerzas policiales a arrestar a otros miembros del grupo delictivo.

Dio nombres de pandilleros y también de 11 muchachos que serían asesinados por la banda. Sin embargo, la unidad encargada de combatir las pandillas del FBI rompió su promesa de ayudarlo y revelaron su identidad a las autoridades de inmigración, contó el año pasado el joven a New York Magazine.

Este mes, Henry fue deportado a El Salvador, a pesar de las advertencias de que los miembros de la MS-13 allí lo cazarían y lo matarían. Ahora, permanece escondido.

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Esta fue una decisión inusualmente emocional para las autoridades estadounidense. De hecho, en la copia de un documento al que tuvo acceso recientemente por ProPublica, un juez de inmigración, Thomas Mulligan, escribió que él fue “muy comprensivo” con el hispano, de 19 años, y consideró como “veraz” su testimonio.

No obstante, Mulligan dictaminó que no tenía más remedio que deportarlo amparado en el derecho estadounidense e internacional, ya que Henry había admitido participar, aunque bajo coacción, en dos asesinatos cometidos por la MS-13 cuando tenía 12 años de edad, y porque sus posibilidades de ser torturado en El Salvador eran menos del 50 por ciento.

Cuando apenas era un niño, el salvadoreño fue obligado a sostener un arma mientras un miembro mayor de la MS-13 puso su mano sobre la suya y apretó el gatillo para asesinar a un miembro de una banda rival.

Henry (cuyo apellido permanece oculto por su seguridad) “tuvo una infancia muy difícil y se metió en una vida de pandillas desde una edad muy temprana”, escribió Mulligan en su decisión del 27 de noviembre. Sin embargo, el tribunal “no tiene la autoridad discrecional para tomar tales factores humanitarios en su consideración”, reseñó New York Magazine.

Su deportación ilustra lo difícil que se ha convertido para los inmigrantes que huyen de la MS-13 encontrar asilo en los Estados Unidos, incluso si han mostrado un compromiso para ayudar a la aplicación de la ley.

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Las políticas comandadas por el presidente Donald Trump apuntan a que los inmigrantes involucrados con pandillas no se les conceda un estatus especial por lo que han aumentado las probabilidades en su contra.

Lenni Benson, profesora de ley de inmigración en la Escuela de Derecho de Nueva York, dijo que el juez podría haberle concedido asilo a Henry si creía que había factores atenuantes en los asesinatos. Estados Unidos ha permitido que niños soldados que cometieron crímenes graves bajo coacción se queden en el país, aseguró la especialista.

“En la legislación estadounidense, para que un niño tenga culpabilidad como adulto, generalmente tiene que tener más de 14 años”, dijo. “Lo que es importante es que el juez dice: ‘ yo te creo ‘”.

Desesperado por darle un giro a su vida, Henry escribió una carta a su profesor de inglés en Long Island, describiendo su historia de pandillas, su miedo constante y su anhelo por un nuevo comienzo.

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