“Si me deportan, que sea de una vez en un ataúd”

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  • “Si me deportan, que sea de una vez en un ataúd”.
  • Inmigrante en manos de ICE alega que está en peligro de muerte.
  • El padre latino implora una oportunidad al Gobierno estadounidense para poder sobrevivir.

Un periodista hispano que alega ser víctima de la represión en su país está ahora tras las rejas en una cárcel de inmigración en Estados Unidos e implorándole a este Gobierno que le dé una oportunidad para sobrevivir.

Runnel Esquivel, de 36 años, asegura que por haber tratado de documentar y exponer los abusos e injusticias que comete el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua casi pierde la vida.

Y es que, según Esquivel, en su patria fue apresado y atacado por el simple hecho de ser un comunicador que trataba de sacar a la luz todo lo malo del actual sistema gubernamental en contra de civiles.

De acuerdo con su testimonio, a las autoridades allá no solo les bastó con vigilarlo y perseguirlo varias veces para tratar de intimidarlo y evitar así que hiciera su trabajo de informar sobre matanzas y otras atrocidades contra civiles, sino que también lo arrestaron y torturaron.

El periodista que exponía información en las redes sociales y en radios nicaragüenses sobre las actividades del pueblo y que también hacía sus propios programas de video de manera independiente contó en exclusiva a MundoHispánico algunas de sus vivencias.

Desde su celda en el Centro de Detención de Eden, a unas tres horas al norte de la ciudad de Austin, en Texas, Esquivel narró que inicialmente fue amenazado por hombres armados y posteriormente despojado de su equipo de video y fotográfico.

Sin embargo, pero que como no desistió, acabó agredido en una prisión de Managua.

“Casi me quiebran mi rodilla a golpes”, contó Esquivel, mientras se levantaba su pantalón para mostrar los rasgos que todavía le quedan de esa lesión a pesar de que eso ocurrió a principios de este año.

“Yo sé lo que es la tortura física y emocional, porque me tenían aguantando hambre para obligarme a cambiar de ideales políticos”, agregó el profesional centroamericano.

El periodista asegura que, tras ser liberado unos días después de su captura, tomó la drástica decisión de abandonar su tierra y dejar atrás a su madre, sus dos hijos, colegas y amigos.

Y es que cuenta que su prioridad era sobrevivir, pues consideraba que la segunda vez que tuviera un encuentro con los representantes de ‘la ley’ de su país, no correría con la misma suerte.

Sin despedirse de nadie, sin maletas ni nada más que la ropa que llevaba puesta y un poco de efectivo, salió de su país con rumbo a Estados Unidos.

Su idea era reencontrarse con su padre que residía en Georgia y tratar de rehacer su vida, pero las cosas no salieron como las había planeado.

Y es que antes de que lograra llegar a suelo estadounidense su papá falleció en Atlanta debido a una complicación de salud. Ni siquiera pudieron despedirse, ya que Esquivel se encontraba todavía en México.

Poco después el nicaragüense llegó a la línea fronteriza que divide México con EE.UU. y se entregó voluntariamente en una garita de la Patrulla Fronteriza donde solicitó asilo político.

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