Opinión: “Sobreviví la tortura del sistema penitenciario y necesitamos una reforma radical”

Foto de Getty y video de MH
  • Eduardo Samaniego, ‘dreamer’ que luchó por los derechos de los inmigrantes, pide votar por Jon Ossoff y Raphael Warnock el 5 de enero
  • Samaniego fue detenido en 2018 luego de que un taxista denunciara que no tenía dinero para pagarle una carrera y a partir de allí cuenta en este artículo el calvario que sufrió en el sistema penitenciario de Georgia
  • Ante la “tortura” y la “violación de derechos humanos”, Samaniego firmó su deportación voluntaria

De cara a la segunda vuelta del 5 de enero en Georgia, que definirá si demócratas o republicanos se quedan con la mayoría del Senado en Washington, el ‘dreamer’ Eduardo Samaniego, de conocida trayectoria pro inmigrante pero que hoy enfrenta la deportación, expresó su opinión sobre la decisiva contienda y es más que claro su mensaje a quienes tienen el poder de votar: elegir a Jon Ossoff y Raphael Warnock.

Opinión de Eduardo Samaniego:

En los últimos años, la demografía de Georgia ha hecho cambiar la forma en que este estado conduce su política. Una creciente coalición de gente dedicada, compasiva y unida ha desafiado repetidamente a su gobierno conservador, dando a conocer nuestro lado más atractivo: un estado más acogedor, de corazón abierto y menos dividido.

Me siento increíblemente bendecido y agradecido de haber sido parte de esta marcha por el progreso y parte del legado de Georgia por los derechos civiles, políticos y humanos. Un legado incesante y que luchamos duramente, que mueve a los georgianos guiados por nuestros mejores valores y tradiciones. Recordando las lecciones aprendidas, el trabajo continúa en pos de generar nuevos movimientos sociales que logren un cambio social significativo en Georgia, Estados Unidos y más allá.

Después de graduarme de la escuela secundaria North Cobb, en Kennesaw, donde fui presidente del cuerpo estudiantil, trabajé duro para formar coaliciones para luchar por los derechos humanos universales y de los inmigrantes en Georgia.

En 2014, como resultado de mi emprendimiento como luchador social, recibí una beca para estudiar en la Universidad de Hampshire, Massachussetts. Incluso allí, como presidente del cuerpo estudiantil en la Universidad de Hampshire, seguí apoyando a mis comunidades de inmigrantes en Georgia y todo Estados Unidos, en esta lucha que emprendí a mi corta edad, marchando por los derechos humanos, donde muchos me tendieron la mano y muchos más apoyaron mis acciones, fue donde viví y aprendí de los innumerables problemas sistémicos que mis hermanos y hermanas de Georgia sufren a diario. Eventualmente pude difundir mi mensaje en las redes sociales, con más de un millón de visitantes a la semana, para educar a otros sobre los problemas como el injusto y masivo encarcelamiento de gente buena, la deportación masiva y el acceso a atención médica y educación para todos. Fue allí donde nació mi pasión y entrega por hacer de Georgia un estado mejor.

El cambio de la sociedad en Georgia que devino en un alejamiento del gobierno conservador y de los legados de Jim Crow son positivos, pero no suficientes frente a lo que sufren los miembros más desfavorecidos de nuestras comunidades, sometiéndolos legalmente a las viejas formas de discriminación en el empleo, la vivienda, el derecho al voto, oportunidades educativas, beneficios públicos y servicio de jurado. Estas prácticas son evidentes en todos los sistemas penales y carcelarios de Georgia, en manos de conservadores en la actualidad.

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego

Durante las últimas tres décadas, los legisladores conservadores de Georgia galvanizaron los sistemas penitenciarios del estado, aumentando el número de camas disponibles para los georgianos atrapados en un ciclo de problemas sistémicos sin resolver. Aunque este aumento comenzó en las cárceles públicas, se ha incrementado en las cárceles privadas como los centros de detención de inmigrantes en todo el país.

Como resultado, solo en la última década, los infractores de inmigración, junto con las personas afectadas por las leyes estatales dirigidas a personas indocumentadas, han igualado o superado constantemente a los infractores por drogas en los sistemas penales de Estados Unidos. Como consecuencia, los funcionarios electos y los jueces conservadores designados, no elegidos, de Georgia convirtieron pequeñas infracciones que anteriormente equivalían a una advertencia por escrito o una pequeña multa que había que pagar en meses e incluso años de prisión, muchas veces por meses y sin recibir sentencia.

opinión Eduardo Samaniego, inmigrantes en huelga de hambre

Getty

En octubre de 2018, experimenté todo el peso del sistema penitenciario de Georgia. La policía del condado de Cobb me detuvo por 27 dólares. Después de pedir un taxi a casa, me di cuenta, a mitad de camino hacia mi destino, que no tenía conmigo mi billetera. Inmediatamente notifiqué al taxista de mi error; sin embargo, en lugar de permitirme pagar mi pasaje una vez que llegué a mi destino, se detuvo, me encerró en su vehículo y procedió a llamar a la policía. Después de mi arresto, llegué a una estación de detención en Acworth, Georgia, donde pasé varias horas detenido. Al día siguiente, las autoridades me trasladaron a la prisión del condado de Cobb, o pequeño Guantánamo, como lo conocen los latinos.

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego

Los policías me llevaron a la cárcel del condado de Cobb. Yo mismo después de años de abogar en contra de encarcelar a inmigrantes, todavía no podía comprender hasta qué punto la policía podía hacer de esta prisión un infierno para mí. Sin embargo, tenía una pista, esta era la misma prisión donde muchos hombres y mujeres han muerto después de ser admitidos por pequeñas infracciones, donde innumerables presos han denunciado violaciones a los derechos humanos. Esta prisión es donde ahora el exalguacil Neil Warren, que perdió estas pasadas elecciones, con sus oficiales (todavía allí) provocó un reinado de terror en las ciudades del condado de Cobb, donde los policías violaban la Constitución a diario. Este pequeño Guantánamo es donde comenzó mi tortura.

Lo que experimenté en cuerpo, mente y alma no puedo expresarlo como otra cosa más que una tortura física y psicológica creciente, indescriptible y completa. Todavía me cuesta juntar las piezas para ayudar a otros a comprender el alcance de las inhumanidades a las que fui sometido todos los días y cada hora de vigilia que pasé en el sistema penitenciario de Georgia. Los policías, sin valores éticos ni morales y de poca humanidad, se convirtieron en mis torturadores, con una obsesión compulsiva por lastimar mi cuerpo y mi alma.

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego

Mientras estaba detenido en la prisión del condado de Cobb, los oficiales “correccionales” me deshumanizaron y me negaron servicios básicos como papel higiénico y jabón. Además, el personal de la prisión me prohibió salir a a tomar un simple soplo de aire fresco como el resto de los internos. Me obligaron a entrar en duchas heladas en medio de diciembre y luego a duchas hirviendo que me quemaron la piel y me dejaron ampollas en todo el cuerpo. En varias ocasiones, me quitaron toda la ropa y me dejaron sin nada más que ropa interior en medio de un invierno furiosamente helado.

Cuando protesté por el trato inhumano que estaba recibiendo, los oficiales penitenciarios me llevaron a la habitación más fría y oscura que mi mente y mi alma hayan experimentado. Todavía me estremezco al pensar en eso hoy, era “el agujero negro”, el confinamiento en solitario. Los agentes “correccionales” fueron mis torturadores en régimen de aislamiento. A lo largo de mis días dentro de la prisión del condado de Cobb, me hicieron cosas que no me atrevo a compartir hoy y que tal vez nunca esté listo para compartir. Fue en confinamiento solitario donde gritaba por mi libertad, donde pedía agua y comida a oídos sordos, donde pasé hambre por semanas, pasaba sed por días, ahí dentro me despojaron de mi humanidad. Con demasiada frecuencia tiraban mi comida al suelo y no me ofrecían más que una taza con hielo después de días de sed. A menudo oraba a Dios, pidiéndole que derribara estos muros y que entregara un corazón palpitante a los policías cuyo odio y desdén por latinos ya conocía pero que ahora experimentaba en carne y hueso.

Más tarde me enviaron al centro de detención de Irwin, una de las cárceles más infames de Georgia con un historial de violaciones de derechos humanos. Allí, permanecí en confinamiento solitario durante semanas, castigado y despojado de toda la ropa durante un período prolongado después de protestar a gritos cuando vi a niños centroamericanos en jaulas junto a nuestras “cámaras de aislamiento”. La vista de los niños encarcelados era insoportable, y recuerdo que me lastimé las piernas y las rodillas al golpear las puertas exigiendo que los niños fueran liberados.

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego

El trabajo de la comunidad, de mis amigos y aliados por mi liberación fue rechazado por los funcionarios de inmigración, quienes tomaron la decisión de trasladarme entre diferentes centros de detención en Georgia como una táctica para evitar el levantamiento de un movimiento a mi favor. Al final, los funcionarios de inmigración me colocaron en cinco prisiones diferentes de Georgia. Incluso después de que varios senadores prominentes de  Estados Unidos y hombres y mujeres congresistas de todo el país firmaran cartas exigiendo mi liberación, decidí firmar mi salida voluntaria para escapar de la tortura que ya no podía soportar. Cuando estaba firmando mi salida voluntaria del país para escapar la tortura, las palabras del excandidato a presidente Mitt Romney resonaban en mis oídos: “Vamos a hacer la vida tan difícil a los inmigrantes, que no tendrán más remedio que autodeportarse”.

No se me escapa ni por un segundo que lo que me hicieron los oficiales del condado de Cobb tenía la plena intención de silenciarme, de despojarme de mi voz y de mi poder, y de hacerme sufrir tan horriblemente que olvidaría quién era entonces y lo que me habían hecho. A pesar de sus esfuerzos, no he olvidado nada. Todavía recuerdo a los funcionarios y oficiales de la prisión del condado de Cobb, sus nombres, sus insignias, sus rostros, incluso sus palabras y gestos, incluidos todos los colaboradores de inmigración, quienes fueron parte de esta tortuosa vigilia quedaron indelebles en mi memoria.

Pero hoy es un hecho, después de la tortura y eventos inhumanos que soporté en las cárceles de Georgia, todavía estoy aquí, todavía tengo una voz y quiero seguir usando mi voz para seguir luchando por los derechos humanos. Con mi trabajo, mi voz y todas las ganas, quiero hacer de Georgia y de cada lugar al que llamo hogar un lugar más digno para todas las personas.

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego

Hoy, quiero seguir usando esta voz para informarles que el candidato demócrata al Senado por Georgia, Raphael Warnock, es un líder serio en la lucha contra el encarcelamiento masivo. Contra esta realidad tortuosa y distópica que ocurre dentro de las cárceles de Georgia. El
reverendo Warnock cree que en la Tierra de los Libres “es un escándalo y una cicatriz en el alma de Estados Unidos encarcelar a más personas a un ritmo mayor que en cualquier otro país del mundo”.

Con nuestro país que contiene solo el 5 por ciento de la población mundial y almacena casi el 25 por ciento de los prisioneros del mundo este es nuestro pecado original. El reverendo Raphael Warnock sabe que se necesita un cambio real e inmediato porque ha caminado por nuestras calles, ha trabajado para alimentar a los pobres en nuestras comunidades y no solo predica, sino que vive y anima a otros a vivir el evangelio todos los días.

Si es elegido senador, el reverendo Raphael Warnock se ha comprometido a aumentar la responsabilidad y vigilancia de los agentes de policía que hasta ahora destilan hiel por nuestras comunidades con impunidad, asegurando que nuestras ciudades puedan respaldar servicios críticos sin tener que acudir al sistema de justicia penal. El reverendo Raphael Warnock tiene un plan para reformar el sistema de fianzas para que nadie esté en la cárcel simplemente por no poder pagar unos dólares. Lo más importante es que ha trabajado para poner fin al encarcelamiento masivo durante décadas y se ha comprometido a poner fin al uso de prisiones privatizadas para inmigrantes y garantizar que los ciudadanos liberados puedan volver a ingresar a la sociedad con acceso a recursos y apoyo adecuados.

El reverendo Warnock es el campeón que necesitamos en Georgia si queremos hacer justicia a los encarcelados injustamente, a los que están en la cárcel sin condena, a los que no pueden pagar una fianza. Unidos, el reverendo Raphael Warnock y Jon Ossoff campeones serios que
presentarán políticas específicas para liberar a las buenas personas en Georgia y regresarles una vez más la oportunidad de seguir viviendo con dignidad.

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego

No soy republicano o demócrata, no estoy emitiendo mi voto de voz basado en la lealtad al partido, sino en los problemas de este momento. En este momento, la elección es clara, de la mano del Reverendo Raphael Warnock y Jon Ossoff podemos ayudar a entregar la Georgia que
merecemos, un estado más unido, con una economía activa con más empleos y un futuro más próspero y seguro donde los inmigrantes no son perseguidos simplemente por querer una mejor vida y donde los hijas e hijos de todos los que llaman hogar al buen y magnífico estado de Georgia puedan ser libres.

Si escuchan mis palabras y sienten mi historia y tienen el poder de votar, elijan al Reverendo Raphael Warnock y Jon Ossoff como nuestros próximos Senadores de Georgia votando ahora y hasta el 5 de enero.

Eduardo Samaniego Amaya es un estratega y organizador político quien lucha por los derechos humanos universales. Actualmente espera una respuesta a su apelación de su deportación. Puede encontrarlo en sus redes sociales como @EddyComunica

Archivado como: opinión Eduardo Samaniego