Obligan a trabajadores de Shell a asistir a evento de Trump

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  • Los ausentes al evento del presidente Donald Trump en Pittsburgh no tendrían el pago del día ni derecho a horas extra en la semana
  • “No es obligatorio” pero “sin “ponchar no hay paga”, advirtió Shell a los trabajadores
  • El evento oficial se volvió un mítin político donde no se permitirían gritos, protestas o resistencia

 

Al más puro estilo de la partidocracia latinoamericana experta en el acarreo de gente para llenar mítines políticos, cientos de trabajadores de una nueva planta de la compañía Shell en Pittsburgh fueron prácticamente obligados a asistir a un evento oficial del presidente Donald Trump el pasado martes.

Los ausentes no recibirían su pago del día ni tendrían derecho a horas extras en la semana.

De acuerdo al periódico Pittsburgh Post-Gazzette, los trabajadores sindicalizados de la petroquímica Royal Dutch Shell, ubicada en el condado de Beaver, tuvieron dos opciones: esperar de pie durante varias horas en un auditorio improvisado dentro de la fábrica para que el presidente Donald Trump hablara, o tomarse el día libre sin pago.

La versión detalla que supervisores y contratistas replicaron un memorandum de Shell el pasado lunes donde se pedía que durante la presentación del presidente Trump no hubiera protestas. Otros directivos sindicales y contratistas advirtieron por escrito a los trabajadores que “Su asistencia no es obligatoria”, pero “SIN ESCANEAR (la entrada a la planta), NO HAY PAGA”.

Sólo quienes entraron a la planta a las 7 de la mañana, escanearon sus tarjetas y permanecieron de pie durante horas, recibirían un pago.

Además, se advirtió a los trabajadores que rechazaron oír el discurso del presidente Trump, que no se les pagarían horas extra durante la semana.

El vocero de Shell, Ray Fisher, detalló al Pittsburgh Post-Gazzette que los empleados en Royal Dutch Shell tienen una semana laboral de 56 horas, con 16 horas extra incorporadas.

Así, los trabajadores que asistieron al discurso de Trump y se presentaron a trabajar toda la semana recibirían en pago las 56 horas, mientras que quienes no fueron a escuchar al presidente sólo tendrían en su cheque las horas trabajadas, a pesar de que nadie laboró el martes.

Esta práctica se asemeja al “acarreo” de gente que los partidos políticos en Latinoamérica emplean para llenar los mítines de sus candidatos.

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