Nombres de bebé clásicos: Cómo elegirlos y qué significan

Últimamente parece que si no le pones a tu bebé un nombre original, no te has esforzado lo suficiente. ¿Qué hay de malo en los sencillos nombres de bebé como Ana, Julia, Sebastián o Daniel?

Ahora los colores, las frutas, la geografía o el calendario son fuente de inspiración para nombres que resultan más apropiados para una mascota. Los famosos están a la cabeza de esta tendencia, en una carrera frenética por superarse unos a otros con el nombre más novedoso.

Tengo que reconocer que muchos suenan bien y son muy musicales y, de vez en cuando, me gusta mucho algún nombre original y hasta me pregunto por qué no se me habrá ocurrido a mí. No puedo negar que le di muchas vueltas cuando buscaba el nombre para mi hija mayor. De hecho, en el hospital cuando ya había nacido, aún no me había decidido. Pero yo tomé un camino distinto y escogí nombres clásicos para mis dos hijas, pues dudaba que 20 años más tarde un nombre nuevo, aunque fuera poético, seguiría siendo música para mis oídos.

Buscando nombre de bebé

Buscando inspiración
En las culturas de la antigüedad, la naturaleza era la inspiración para dar nombre a los recién nacidos: las flores por su belleza; los animales por su fuerza o gracia, los fenómenos naturales por sus cualidades mágicas… Toda esta libertad terminó con el cristianismo, cuando el Papa Gregorio IV (827-844) prohibió los nombres que no pertenecían al santoral cristiano. Para entonces, la mayoría de los nombres tenía su origen en el latín, griego o hebreo, además de un significado conocido.

Los nombres se heredaban de los familiares y los primogénitos se bautizaban con el nombre del padre o la madre. Siguiendo con la tradición de la época, los hermanos menores recibían el nombre del santo del día, aunque no fuera precisamente bonito (¿qué tal Agilberto o Etelburga?). Muchos de estos nombres han caído en desuso, pero otros han sobrevivido 2000 años y siguen siendo populares hoy en día; lo cual no deja de ser una proeza en un mundo tan acelerado como el nuestro, en el que las tendencias duran tan poco y las novedades pierden pronto esta cualidad.

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