Niños estadounidenses de padres deportados luchan para adaptarse a México (VIDEO)

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César Rojas fue deportado después de vivir por décadas en Estados Unidos. Sus hijos, nacidos en California, forzosamente también se vieron obligados a salir del país.

“No hablaban el idioma, no sabían escribirlo, no nada” dijo a MundoHispánico el inmigrante César Rojas, quien lleva ahora más de diez años viviendo en Tijuana.

Como la familia Rojas, hay más de medio millón de niños nacidos en Estados Unidos que de golpe, tras la deportación de sus padres a México, deben enfrentar el asimilar un idioma y cultura diferente, según el Seminario Migración Internacional del Tecnológico de Monterrey. Muchos se establecen en la frontera.

“Llegaba bien enojado, porque le daban carrilla”, recuerda Rojas, al intentar criar a sus hijos en territorio mexicano, sin que éstos dominaran el idioma español y se convirtieran en víctimas de bullying.

Retos académicos de la deportación

Alondra Álvarez es una joven estadounidense, que se trasladó a territorio mexicano tras la deportación de su padre.

“La gramática, el alfabeto, todo eso cambia, no hay una ‘eñe’ en el alfabeto americano”, agrega Álvarez que sufrió bullying y requirió de escuelas privadas para lograr mejorar sus calificaciones.

“Me decían ahí viene la gringa”, recuerda Álvarez.

Educadores en México, y especialmente en ciudades fronterizas como Tijuana, cada vez más reciben a hijos de inmigrantes deportados. Pese al fenómeno, los centros educativos públicos carecen de adecuaciones.

Niños estadounidenses cuyos padres fueron deportados a México luchan para adaptarse a la cultura y el idioma de la tierra de sus padres. FOTO: Chris Cabezas/MundoHispánico

“Los niños tienen que aprender rapidísimo, no hay de otra, porque mientras no hablen el idioma, ellos están sacando malas calificaciones y les perjudica demasiado”, señaló la profesora de primaria, Evangelina Guerrero.

Guerrero reconoce que una gran cantidad de maestros no se esfuerzan por incorporar a los niños recién llegados. Letreros en inglés tampoco existen en las escuelas públicas de la ciudad fronteriza, y representa una preocupación más para los jóvenes recién llegados de Estados Unidos.

“Fueron criados desde kindergarden hasta high school, se les complica la situación de comunicarse”, explicó José Israel Ibarra González, postulante a doctorado en estudios de migración por el Colegio de la Frontera Norte.

Ibarra asegura que las familias inmigrantes enfrentan la decisión de separarse, tener una relación transnacional, o trasladar a toda la familia de país cuando son afectados por la deportación.

“Tuvimos que adaptarnos a la vida acá, tanto ellos (los niños) como yo, porque aunque soy mexicano siempre viví ‘al otro lado’ entonces tuvimos que adaptarnos en todo, como vivir, el hablado, la convivencia con la gente es diferente a comparación de los Estados Unidos”, destacó Rojas.

César Rojas y sus hijos estadounidenses viven en un barrio a escasa distancia de la garita internacional de Tijuana. Piensa que sus hijos al cumplir la mayoría de edad se irán a trabajar o ‘a hacer sus vidas’ en Estados Unidos. Rojas dice aún no haber asimilado del todo a la cultura mexicana en los diez años que lleva desde que regresó.

“Uno se acostumbra a la cultura y a la buena vida (en Estados Unidos)”, confesó Rojas.

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