Así fue la masacre en Panamá: Falsos profetas dijeron estar “ungidos por Dios” y mataron a 7

Redacción MundoHispánico
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Los aldeanos aseguran que ignoraban lo que estaba pasando en el galerón y dos chozas de paja en donde se realizaban los ritos, que está situado a más de 500 metros de la que sirve a los creyentes del catolicismo y de la escuela primaria. A ese “templo” se llega por un camino fangoso y en medio de la hierba.

“La gente estaba bailando y cantando y nadie le tomó atención porque sabíamos que era algo que estaban en presencia de Dios”, señaló el cacique Santo. “Y surgió entonces como que satanás entró en cada uno de ellos y empezaron a agredir a las personas”, agregó.

Los miembros de la secta de Panamá colocaron hojas de plátano alrededor del galerón para que personas que pasaban por un camino cercano no vieran los ritos.

“Nadie lo esperaba”, aseguró Santo, en alusión a que se estuviese torturando y matando en ese culto. “Cuando alguien va a la iglesia a predicar la palabra de Dios es porque va a ir a buscar una salvación para el mundo. Nadie toma las precauciones de que pueda suceder algo buscando a Dios”.

Pero los aldeanos comenzaron a alarmarse cuando tres indígenas escaparon del lugar el fin de semana con quemaduras y, mucho más el martes por la mañana, cuando otros vieron a los miembros de la secta trasladar cadáveres desnudos hacia un cementerio distante en medio de la maleza. El lunes en la noche habrían sido los sacrificios.

Diomedes Blanco, un lugareño de 27 años que acompañó a los miembros de la fuerza pública a rescatar a los 14 indígenas el martes por la tarde, aseguró a la AP que dos hermanos de Josué le habían comentado previamente ese día que habían recibido un mensaje de “Jehová” para exterminar a todas las familias de la aldea que no creyeran en Dios.

“Los agresores, los criminales se hicieron pasar por profetas”, dijo Blanco. “Ellos dicen que había bajado Dios del cielo, que ellos lo vieron, que los había ungido, así fue el proceso”.

El viernes, mientras un juez en Bocas del Toro, jurisdicción a la que pertenece El Terrón, imputaba los cargos de homicidio agravado a los nueve detenidos, algunos aldeanos se reunían en la sede de la escuela, que está cerrada por el periodo de vacaciones, entre ellos una indígena con una bebé de meses.

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