Más de 2,000 menores inmigrantes pasarán Navidad detenidos

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Pese a las promesas de reunificación de familias por parte del gobierno de Estados Unidos, unos 2 mil 800 niños migrantes pasarán Navidad sin sus padres, internados en el centro de detención de Tornillo, Texas.

“El presidente [Donald] Trump sigue separando a menores de sus familias, no se ha detenido”, denunció Fernando García, director y fundador de Red Fronteriza por los Derechos Humanos (BNHR, por sus siglas en inglés).

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“Tenemos familias que nos han dicho claramente que han sido separadas de sus hijos (…) la separación de familias continúa y muchos de esos niños están quedando solos y los están apuntando como si estuvieran solos o hubieran llegado solos; desgraciadamente la administración Trump no ha sido transparente sobre cómo se están procesando a estos niños”, explica.

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Actualmente, según datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés), en el centro de detención de Tornillo, Texas, hay alrededor de 2 mil 800 menores detenidos de entre 12 y 17 años, quienes están a cargo de empleados de dicha dependencia, aunque la operación y mantenimiento del lugar están a cargo del ejército y es custodiado por agentes federales de la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

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La capacidad total, según la misma fuente, es de 3 mil 800 lugares. A mediados de este 2018 había menos de mil menores detenidos, “lo que muestra cómo se ha incrementado la llegada de estos jovencitos en los últimos meses”, dice García, “nosotros vemos pasar a los autobuses que los traen”.

Espíritu navideño. En las últimas semanas, muchas familias migrantes, sobre todo de El Paso, Texas, acompañados de estadounidenses amigos de los migrantes, van a las afueras del centro de detención de Tornillo para tratar de hacerles saber a los menores que no están solos. “Les hablamos por megáfonos y tratamos de hacer mucho ruido, les aplaudimos, les cantamos”, comenta a EL UNIVERSAL Gabriela Castañeda, quien es vocera de BNHR.

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Los activistas organizaron una Navidad en Tornillo: “Tenemos planeado ir y prácticamente acampar —del 24 de diciembre al 1 de enero— para cantarles villancicos y hacer una fiesta desde afuera muy colorida y alegre, que los ayude a sentirse un poco más acompañados y en su propio idioma”, comenta Castañeda, quien tiene poca esperanza de que las autoridades les permitan hacerles llegar algunos regalos.

Inicialmente, la Secretaría de Seguridad Nacional había anunciado que este centro de detención se cerraría el 31 de julio, pero la fecha ha sido pospuesta una y otra vez hasta ahora, que tiene como límite el 31 de diciembre, pero es muy probable que se posponga de nuevo.

“Y así se han ido alargando mientras siguen llegando más y más menores”, dice Fernando García quien culpa a la administración Trump de esta situación.

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“Algo más que hemos sabido es que muchos menores han sido traídos de otros centros y eso es muy sospechoso, porque el hecho que te muevan desde Nueva York o Chicago a la frontera es porque estás en la antesala de una deportación”.

Muchos de estos menores cuentan con familiares en Estados Unidos —según investigaciones hechas por grupos proinmigrantes como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU)— quienes podrían ir a buscarlos y pedirlos bajo su custodia, “pero la administración Trump puso requisitos extraordinarios a esos familiares de los niños, como por ejemplo, revisarles sus antecedentes, revisar su información; o sea, estaban pidiendo que los familiares dieran toda su información y muchos de ellos son personas indocumentadas”, señala el director de BNHR.

“Entonces muchos de ellos dudan en ir por el menor porque van a tener que decir dónde viven, dónde trabajan, y eso los asusta mucho porque esta administración podría usar esa información para más adelante perseguirlos, detenerlos y posiblemente deportarlos o encerrarlos. Entonces, todo eso es parte de este juego macabro de Trump”, dice.

De acuerdo con la ley, ningún menor de edad debería ser retenido en ningún centro de detención por más de 60 días. “Estamos viendo que muchos están siendo retenidos por mucho más tiempo sin que las autoridades hagan algo al respecto”, señala García.

Por lo pronto, estos adolescentes pasarán Navidad y Año Nuevo detenidos, lejos de sus familias y con la incertidumbre sobre su futuro. “Nadie quisiera estar en su lugar, pero ojalá todos hicieran algo por ayudarlos”, dice García.

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