Especial Día de las Madres: El mejor de los regalos

Hechas y derechas

Aunque ha vivido, con pequeñas interrupciones, poco más de 25 años en Estados Unidos sin documentos legales, María Guadalupe no ha dejado de proveer para sus hijas. Doce horas diarias en una procesadora de pollos en Gainesville son el mejor testigo. Pero tras el divorcio tuvo que multiplicarse, como nunca pensó que pasaría.

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Las hijas de María Guadalupe, Anayeli y Judith, le agradecen todo lo que ha hecho por ellas. Foto: Hanoi Martínez/MH

“Ni mis hijas podían faltar a la escuela ni yo al trabajo”, afirma. ¿Y cómo lo logró? “Esforzándome más, levantándome más temprano para adelantar las cosas en casa para cuando ellas regresaran de la escuela, más temprano que yo, las tuvieran listas. En ocasiones apoyándome en mi familia, pero que también trabaja”, destaca.

Y lo que con esfuerzo ha ido sembrando, con regocijo ha ido cosechando. La mayor de sus retoños, Anayeli, se graduó este mes de Relaciones Internacionales de la Universidad de Georgia, en Athens; la menor, Judith quiere estudiar defensa criminal y sus calificaciones dan para ello, y mucho más.

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