Especial Día de las Madres: El mejor de los regalos

Así emprendió su tercer viaje a través del desierto, pero no expuso a su pequeña Anayeli, quien viajó como ciudadana americana con un tío. “Entendí que aquí debía criarse, aquí había nacido, este era su país y prácticamente sin nada volví, a lucharla sola”, dice. Pero aún no le tocaba. De una ‘reconciliación’ llegó Judith, la segunda hija.

Pero su relación acabó y cada quien por su lado. De uno el padre, moviéndose por Estados, con poco contacto con sus hijas; del otro María Guadalupe, con Anayeli, de 13 años, y Judith, con apenas siete. “Ahí comenzó la parte más difícil, yo sin documentos, ellas necesitándolo todo”, reconoce.

¿Pero no ha salido tan mal, verdad?, le pregunta a sus hijas en medio de nuestro diálogo. Y quienes hoy son prácticamente mujeres, una de 22 años y otra de 15, le responden: “Ay madre, ha sido perfecto”, le confiesan, y las lágrimas corren libremente por sus rostros, y se abrazan, como si se dijesen esas palabras por primera vez.

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