Incertidumbre en ciudad devastada por desastres en Indonesia

La vida se ha paralizado para los miles de personas que viven bajo carpas y en albergues en una ciudad indonesia arrasada por un potente sismo y un tsunami. No saben cuándo podrán comenzar la reconstrucción y pasan varias horas al día intentando lograr, a menudo sin éxito, cubrir necesidades como encontrar combustible para los generadores.

Los residentes cuyas viviendas quedaron destruidas tenían poco más que incertidumbre el jueves, a siete días de la tragedia. Pero también albergaban la esperanza de llegase más ayuda por aire tanto a Palu como al distrito de Donggala, en la isla de Célebes.

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Algunos vecinos excavaban en apestosos montones de comida empapada y escombros, buscando en un almacén dañado por el tsunami cualquier cosa que pudiesen aprovechar: latas de leche condensada, refrescos, arroz, dulces y analgésicos. Otros se llevaron con planchas de metal, madera, tuberías y otros materiales para levantar alojamientos temporales.

Las autoridades reforzarán la seguridad en las zonas afectadas por el desastre para garantizar el orden público luego de la detención de 92 personas por sustraer artículos como aceite de motor, neumáticos o equipos agrícolas, explicó el vocero de la policía nacional, el general de brigada Dedi Prasetyo. En un primer momento se permitió que los residentes desesperados tomaran alimentos de las tiendas, pero se advirtió que no se llevaran más cosas. El portavoz dijo que la seguridad será necesaria para reanudar la actividad económica.

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Andi Rusding, apiñado con varios miembros más de su familia bajo una carpa, dijo que consiguieron algo de ayuda pero que la distribución no era igualitaria y que se sentían engañados.

“Por favor, díganle al gobierno y a las ONGs que si realmente quieren ayudarnos con algo de comida, no la lancen desde los puestos de mando”, señaló. “Es mejor ir directamente tienda por tienda. Porque algunas veces (los productos de ayuda) no se distribuyen de manera uniforme”.

En el mismo campamento, Masrita Arifin dijo que sobre todo estaba asustada por los rumores de que habría otro gran terremoto.

Las advertencias falsas han proliferado desde el sismo de magnitud 7,5 y el tsunami que arrasaron la zona el viernes, y la agencia nacional de desastres pidió a la población que solo confíe en fuentes creíbles de información.

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