Hispana pasó de ser mesera a una ‘dura’ y millonaria de la construcción

La hispana Jessie Amador llegó a Estados Unidos hace 15 años con el mismo propósito de los millones que han emigrado: brindarle un mejor futuro a su familia.

El primero en llegar fue el padre de sus hijos, que vino junto a su hija en busca de un mejor futuro y luego ella emprendió la marcha.

Amador es originaria de Honduras. En su país natal trabajaba como mesera en un restaurante y su sueldo era de apenas 60 dólares al mes.

Al llegar a Estados Unidos, la hispana comenzó a trabajar en limpieza y en fábricas de procesamiento de comida. Trabajaba de lunes a sábado, desde las 5:00 de la mañana hasta las 4:30 de la tarde, y apenas sacaba 400 dólares semanales.

Jessie cuenta que, como muchos inmigrantes, al principio no tenía auto y siempre tenía que pedirle el ‘ride’ a un conocido para poder llegar a sus trabajos.

Al ver que ese dinero no le alcanzaba para mantener a su familia, decidió probar en el mundo de la construcción apoyada por el padre de sus hijos, que también laboraba en el mismo ramo.

Cuenta Jessy que en sus inicios la botaron de tres trabajos ya que no sabía ni montarse en una escalera.

Pero eso no fue un impedimento. Al contrario, se propuso aprender el oficio y dijo que de la cuarta ‘chamba’ no la rechazaban, y así fue.

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