EE.UU. en la frontera de su propia barbarie

  • Revelaciones sobre las tácticas de Trump contra los inmigrantes.
  • Pedir que dispararan a los inmigrantes en las piernas para reducir su paso hacia suelo estadounidense conlleva, además de sadismo, una fuerte carga de autoritarismo y de insania mental preocupante.
  • No te pierdas esta columna de opinión que no tiene desperdicio.

Si quedaba alguna duda sobre la evidente y cruel guerra de Trump contra los inmigrantes, especialmente indocumentados y de color, las revelaciones hechas por The New York Times sobre tácticas más propias de un sicópata que de un jefe de estado para impedir su paso por la frontera sur erizan la piel de cualquiera.

Además de su retórica xenófoba y de sus políticas antiinmigrantes que ha intentado convertir en algo “normal”, ha añadido una serie de agravantes que rebasan los límites de la inhumanidad, pues pedir que dispararan a los inmigrantes en las piernas para reducir su paso hacia suelo estadounidense conlleva, además de sadismo, una fuerte carga de autoritarismo y de insania mental preocupante.

en la frontera de la barbarie

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Según el reporte del diario neoyorquino, tomando como base una parte del contenido del libro Border Wars: Inside Trump’s Assault on Immigration, de Julie Hirshfeld Davis y Michael D. Shear, esa no fue la única idea de Trump para frenar el flujo migratorio hacia Estados Unidos, sino que habría pedido que construyeran una fosa en la frontera sur, en la que hubiese cocodrilos y víboras, además de electrificar la valla fronteriza y colocar púas en la parte superior para perforar la piel humana.

Escalofriante escenario, sí, pero lógica e indeleblemente “trumpiano”. Solo el Conde de Lautréamont y el Marqués de Sade compiten en una crueldad semejante.

Menos mal que, según el reporte que ahora mismo tiene desquiciado a Trump, miembros más conscientes de su equipo le indicaron que, constitucionalmente, todo eso que pedía era ilegal, por lo que tuvo que dar marcha atrás, a regañadientes, a sus pretensiones.

Es decir, tan acostumbrado tiene este presidente a su país a las estridencias de sus decisiones, de sus órdenes y de su compulsivo y violento estado de ánimo —casi en su totalidad en relación con el tema migratorio—, que el nuevo descubrimiento sobre su forma de pensar en torno a los migrantes que no le agradan ya no sorprende.

Y aunque indignado se apresuró a negarlo diciendo en su cuenta de Twitter que puede ser duro en seguridad fronteriza, “pero no tan así de duro”, la nueva saga antiinmigrante añade, en cambio, un nivel más elevado de preocupación entre las comunidades migrantes y la violencia, verbal y física, que han tenido que enfrentar durante todo este tiempo. Sin descartar, por supuesto, a la prensa, que el presidente volvió a categorizar como “enemigo del pueblo”, agregando el calificativo de “corrupta”, como una muestra más de sus frustraciones ejecutivas, a la que se agrega la sombra del juicio político y la apocalíptica reacción presidencial en el sentido de que si es destituido, “habrá otra guerra civil”.

Así, la matanza de El Paso, Texas, de hace dos meses fue un ejemplo doloroso y claro de lo que puede provocar el discurso de odio que la Casa Blanca maneja a la perfección y que depura al paso de los días. Los 22 muertos tras ese tiroteo en el que el ejecutor buscaba mexicanos para acribillarlos son el trágico incidente más cercano de esta contundente realidad que, lamentablemente, seguirá latente conforme esta nación se adentre en el próximo periodo electoral.

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