Crónica: Una buena para el hondureño Douglas Oviedo

  • Crónica: Una buena para el hondureño Douglas Oviedo
  • Douglas Oviedo es el segundo centroamericano en obtener asilo bajo el programa Protocolos de Protección a Migrantes (MPP).
  • Una historia que te hará sonreír y conmoverá tu espíritu de lucha.

Douglas Oviedo cerró los ojos vencido por el cansancio de vivir. En su corta vida de apenas 15 años ya lo había sufrido todo.

Había visto morir a sus padres de sida, había perdido a su hermano de la forma más espantosa, asesinado. Vivía en la calle y había sucumbido a las drogas.

Se sentía tan viejo, tan vacío, tan sin nada que mereciera la pena.

Por eso cerró los ojos y esperó la muerte. Era mejor el suicidio que vivir así. Al menos estaría con los suyos en el otro lado.

Y entonces sucedió. En medio del dolor más profundo, cuenta que sintió cómo Dios llegaba a su vida y le insuflaba fuerzas.

Así que, el joven Douglas Oviedo se convirtió en pastor juvenil para ayudar a otros como él en su Honduras natal. Ya no se sintió solo.

Se propuso rescatar a otros jóvenes de las pandillas hondureñas, y tanto lo logró que los pandilleros lo tacharon de “enemigo” y lo pusieron en su lista negra.

Si bien Dios estaba a su lado, era mejor correr del país para salvar la vida y poder seguir ayudando desde otro lugar.

Douglas Oviedo

No lo pensó y se unió a una caravana de migrantes que se hizo famosa hace casi un año. Atrás dejó esposa e hijos.

“Voy a sacarlos de acá, amor, solo esperen que yo vaya primero”.

Y ellos esperaron hasta desesperar.

Douglas Oviedo llegó a la frontera de México y Estados Unidos, pero fue rechazado con ese bendito plan de “Quédate en Mexico”. Pensó por un momento que todo había terminado. No podía volver y no podía avanzar.

Se quedó en Tijuana, malviviendo en albergues temporales para migrantes en espera. No sabía qué hacer, sólo tenía la fuerza de Dios y un carisma optimista que todo lo puede.

Y eso es lo que vio en él Jack Lee, un estadounidense que trabaja de forma voluntaria en estos albergues. Él le dijo qué hacer y cómo presentar su petición de asilo.

Pero, mientra esperaba, Douglas siguió haciendo el bien e impulsó la construcción de un albergue para mujeres y niños migrantes centroamericanos. Además, nunca dejó de elevar las almas de los que le rodean con música, como la que regalaba con su amigo Adam Elfers en un dueto para beneficio de los albergues en México.

Quién sabe cuánto ha padecido Douglas Oviedo separado de su familia, desesperado y en la lucha por mantener su vida a flote y su horizonte esperanzado.

Y parece que la vida, al final, decidió darle un descanso y un alivio. ¡Una buena para Douglas Oviedo al fin! Esta semana consiguió, después de mucho trámite y con la ayuda de sus abogados, el segundo asilo otorgado entre miles de centroamericanos que esperan a lo largo de la frontera mexicana, bajo el programa Protocolos de Protección a Migrantes (MPP).

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