Crónica: Al calor de los tragos la situación se volvió caótica

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  • Crónica: Al calor de los tragos la situación se volvió caótica.
  • Cuando por fin lo castigaron, el homicida se fugó sin cumplir con su pena.
  • Eso sí, antes de escaparse, Adrián Herrera le pidió perdón a la familia de la víctima.

La fiesta infantil estaba en lo mejor. Mientras que los niños gritaban y corrían, las cervezas no paraban de ser servidas al son de la música tradicional mexicana.

Como siempre, había comida por doquier y los invitados, como suele ocurrir en una fiesta hispana, eran el doble de los que los anfitriones esperaban.

Todo parecía perfecto, hasta que de repente, el sonido se apagó y el festejo llegó a su fin. Había un hombre tirado en el suelo que de inmediato atrajo la atención de los presentes.

Tomas Rodríguez, de 38 años, yacía en el patio trasero de una vivienda en Georgia con su cabeza y rostro ensangrentados.

Y es que otra de las personas que departían en la fiesta comenzó a discutir con la víctima y cuando menos lo esperaba, le pegó un fuerte puñetazo en la cara que lo hizo caer de espaldas.

En la caída, Rodríguez se golpeó el cráneo y murió en el acto ante la mirada atónita de casi un centenar de invitados, algunos de los cuales llamaron de inmediato al 911.

En cuestión de minutos, el lugar estaba lleno de policías y paramédicos, que por más que intentaron, no pudieron revivir a Rodríguez.

Todos los dedos señalaron entonces a Adrián Herrera, de 31 años, como el culpable de esa muerte.

Crónica: Tragos y caos acabaron en crimen estúpido
Crónica: Tragos y caos acabaron en crimen estúpido – Foto: Alguacil de Gwinnett

Ante la declaración de decenas de testigos, la policía no dudó un solo momento en poner bajo arresto a Herrera, que se encontraba bajo la influencia del alcohol.

Tras ser interrogado, el entonces sospechoso declaró que atacó a su “amigo” en defensa propia ya que durante las horas previas lo había estado acosando e insultando.

Literalmente dijo que le había estado llamando “vagina” y que, aunque inicialmente soportó, al final eso lo alteró mucho y por ende respondió así de violento.

Este lamentable incidente que dejó sin padre a tres niños ocurrió la madrugada del 3 de diciembre de 2017 en una casa de campo en la ciudad de Dacula.

Herrera fue acusado formalmente de homicidio involuntario y recluido en la prisión del condado de Gwinnett.

Debido que tenía un expediente judicial relativamente no tan malo (solo dos arrestos previos por manejar borracho), un juez estatal le concedió el privilegio de salir bajo fianza, lo que molestó mucho a la familia de la víctima.

Crónica: Tragos y caos acabaron en crimen estúpido

A veces el sistema de justicia estadounidense tarda o es injusto ante la vista de algunos, pero de que a todo el que viola la ley tarde o temprano le llega su día, eso es una realidad.

Herrera es un ejemplo de ello. Finalmente, tras un año y medio de gozar de libertad tras la muerte de Rodríguez le tocó rendir cuentas.

Lo sentaron en el banquillo de los acusados. Frente a él estaban la esposa e hijo de la víctima, que anhelaban el peor castigo posible para el verdugo del proveedor de su hogar.

Para su mala suerte, no fue así. Herrera se amparó a un recurso legal que le ofreció la Fiscalía para evitar un posible largo y costoso juicio.

El imputado se declaró culpable de la acusación y a cambio de eso recibió un castigo relativamente suave en comparación de si se hubiera declarado inocente.

El juez a cargo del caso determinó que 10 años de condena eran suficientes para darle una lección.

De ellos, debería permanecer tras las rejas 7 años y el resto bajo libertad condicional. Aparte de eso, Herrera deberá pagar 12,000 dólares a la familia para cubrir los gastos funerarios.

“Les pido que me perdonen. Estoy aquí para enfrentar el castigo que decidan darme y les prometo que nunca le enseñaré a mis hijos a golpear a nadie… Deseo poder hacer algo para regresárselos, pero no puedo, así es que solo espero que en sus corazones puedan perdonarme”, le dijo Herrera a la familia de Rodríguez.

Los hijos de la víctima testificaron contra el acusado ante el magistrado antes de que emitiera sentencia. Los adolescentes expresaron todo el dolor que han sufrido tras el fallecimiento de su progenitor.

Crónica: Tragos y caos acabaron en crimen estúpido

Al final, la familia de Rodríguez volvió a quedar insatisfecha, en parte porque creen que el castigo fue demasiado leve y, en segundo lugar, porque a Herrera ni siquiera lo encerraron ese mismo día, como suele ocurrir, sino que le dieron la oportunidad de que se diera a la fuga.

Y es que el juez le concedió al mexicano un mes para que se presentara a la cárcel a cumplir su condena. Se suponía que ese tiempo lo aprovecharía para dar por cerrado algunos negocios, pero en realidad le sirvió para burlarse de la justicia.

Los dolientes se quedaron esperando a que Herrera les pagara el monto fijado y que purgara en prisión los siete años más duros de su vida, pues el muy descarado tomó un vuelo para su país y se regresó como que si nada hubiera ocurrido.

Es verdad que no hay nada que pueda devolverle la paz a una familia doliente tras la pérdida de un ser amado, pero el hecho de saber que al homicida la ley terrenal le dio el privilegio de huir, lo empeora aún más.

Las ventajas de tener papeles, porque si Herrera hubiera sido indocumentado, como la víctima, el juez nunca le habría concedido tantos beneficios. Supongo que ahora anda allá por su tierra como que si nada, a lo mejor no vive con las comodidades de acá, pero suertudo porque está libre y no donde debería de estar.

Ojalá que esta triste historia sirva de ejemplo para muchas personas que no miden las consecuencias de sus acciones. Y que se den cuenta de que a veces una mínima rencilla puede acabar mal, en especial si no se tiene control absoluto del organismo, cuando se está bajo la influencia del alcohol o las drogas.

Gracias por leer mi columna de hoy en MundoHispánico. Hasta la próxima.