Crónica: Te estaban cuidando… ¡Desconfiado!

  • Crónica: Te estaban cuidando… ¡Desconfiado!
  • En vez de suponer que te llaman ladrón por ser hispano… mira que hay otras explicaciones.
  • Costco hace algo que no te esperas, ¡atención!

“¡Su ch… madre!”, gritó. Y soltó todas las bolsas del supermercado en el suelo.

“¡Ya creen que les estoy robando su pinche comida estos hijos de su madre!”, y se le hinchaba la vena del cuello como si fuera a explotar de un momento a otro.

Su mujer bajaba la cabeza avergonzada y sacaba las llaves de la camioneta para meter rápido la compra y a su esposo adentro del vehículo.

La mayoría de las veces, él seguía juramentando en español hasta llegar a casa. En ocasiones, ya habían guardado todo en el refrigerador y él seguía quejándose por encima de la cerca del jardín con su vecino, que regaba los pocos pelos del pasto.

Por eso ella no quería que fueran al supermercado juntos. Tenían un Costco bastante cerca, a ella le gustaban las ofertas y los buenos precios. ¡Le encantaba poder comprar a gusto!

Pero él, pongamos que se llama Luis, parecía un perro erizado desde que entraban. Estaba esperando que le hicieran el ritual de salida para ponerse como loco y hacerla pasar vergüenza.

Luis se ponía tenso como si fuera a enfrentar al enemigo. Ya en la caja revisaba cada artículo que la cajera pasaba, checaba que el precio estuviera correcto, que la cantidad de artículos fuera correcta, que la tarjeta pasara sin problema.

Todo bien.

Entonces llegaban a la puerta de salida y ella (pongamos que se llama María) aceleraba el paso para entregar el ticket al personal de salida.

Todas las veces, un empleado les miraba el ticket e iba controlando que se llevaran exactamente lo que habían comprado.

Y Luis se cegaba de ira porque estaba convencido de que era por su piel cobriza y su acento hispano.

“¡Qué asquerosos! ¡Voy a mandar una carta al diario!”, expresaba.

María le tocaba el brazo, el hombro, le fulminaba con la mirada y sonreía como una oveja degollada al empleado que seguía impertérrito, todas las veces, haciendo su recuento.

“¿Qué m… crees que me voy a robaaaaaaaar?”, casi aullaba Luis.

Todas las santas semanas la misma letanía, la misma historia, el mismo bochorno. Y es que, de alguna manera, Luis creía que libraba una batalla por el orgullo hispano y que todo era un tema político para que los inmigrantes se devolvieran a sus países.

El miércoles último, María se persignó después de recibir el ticket de la cajera y emprender su caminito del infierno a la salida. Podía escuchar la respiración agitada de Luis, ya tenso como cuerda de violín.

Tendió su ticket al empleado.

Escuchó una voz amable.

Eso la sorprendió, a Luis no le dio tiempo a decir nada.

“¿Pueden acompañarme, por favor?”, dijo el empleado.

Seguir leyendo: Siguiente >

Seguir leyendo:
Siguiente >

Search

+