Crónica: Si nos matamos entre hermanos… ¿qué esperar de los otros?

  • Crónica: Si nos matamos entre hermanos… ¿qué esperar de los otros?
  • Los celos fue el causante de una tragedia que ha conmocionado a toda una comunidad.
  • La deportación sería un “favor” para el trío de inmigrantes que está involucrado en este crimen pasional.

Acabo de ver en Internet un video espectacular de un perro que cayó a un río caudaloso. El animal luchaba contra la corriente pero su esfuerzo por salir era inútil. Afortunadamente, el can llevaba un pedazo de rama en su hocico, y eso fue su salvación.

Y es que otro perro que lo seguía desde la orilla, logró agarrar el palo y sacarlo del agua. Sin duda una escena espectacular que me hizo preguntarme por qué los seres humanos que se supone somos los más civilizados del planeta nos matamos entre hermanos, cuando los animales hacen todo lo contrario.

Apenas esta semana ocurrió un caso que me dejó  sin palabras, y eso es raro.

Puedo entender de pasiones, de celos, de rabia. Sé lo que es cegarse un momento y decir o gritar cualquier cosa. Hasta he insultado, claro que sí. Pero esto…

Un matrimonio mexicano viene a Estados Unidos a buscar un mejor futuro. Como son indocumentados, tienen el perfil bien bajo y se esconden de Inmigración como pueden. ICE es el peligro máximo, el “predador” que les tiene el alma en vilo.

Pero no es todo lo que tiene sin dormir a Francisca Vargas Castillo.

Resulta que parece que el esposo anda tonteando, y quizá mucho más, con otra inmigrante indocumentada de nombre Bricia. Hmmmm… y eso le revuelve la sangre. A tal punto que ya nada le importa más que la mujer esa y lo que hace con su hombre.

“Se va a enterar esa perra…”, dice entre dientes. Y hasta se jura los labios en un gesto de amenaza intimidante.

Bricia, ajena a todo, sigue feliz. Es que la vida es bella aunque te siga la sombra de ‘La Migra’. El deseo y las ganas le corren por todo el cuerpo. A ella qué le importa que su elegido tenga señora. ¡Que lo cuide! “Seguro que no le da lo que yo le doy”.

A Francisca le atormenta el odio. Pero en vez de enfrentar al esposo, se concentra en la supuesta amante.

Ya tantas cosas imagina que hasta está segura de que quiere envenenar a sus hijos y a ella misma para que su marido no tenga más ataduras y puedan vivir la vida loca juntos como enamorados libres.

Al hermano de Francisca, Leobardo, le parece un poco raro todo esto. Pero ella le cuenta y le cuenta, y le llora y le pide que la ayude.

“Mira lo que me van a hacer, hermano, ¡nos va a matar a todos y se va a ir de fiesta”. “Tenemos que hacer algo”.

Y Leobardo, que tampoco tiene ‘papeles’ ni nada claro en la vida, excepto que su hermana le pide ayuda, le dice que sí. Que le ayuda como ella quiera.

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