Crónica: Será deportada por culpa de sus pitbull

  • Crónica: Será deportada por culpa de sus pitbull
  • Una anciana hispana de 76 años fue atacada brutalmente por tres perros de raza pitbull en Dallas.
  • La dueña de los animales, identificada como Martha Yescas, tiene una orden de deportación pendiente.

María Lupita Robledo se levantó esa mañana en Dallas con ganas de caminar un poco. Sus ya 76 años no impedían que disfrutara de una buena caminata por el parque.

Se puso los zapatos y agarró las llaves. Volvería a tiempo para cocinar el almuerzo.

Martha Yescas, por su parte, miró por la ventana de la cocina. Los perros estaban en el jardín ladrando cuando alguien pasaba cerca.

Martha Yescas-Lira mugshot Photo credit: Dallas County Sheriff’s Department

Eran tres pitbull que su hijo amaba y, además, mientras se los cuidaba, la servían como defensa. Nunca se sabe cuándo ‘La Migra puede aparecer. De vez en cuando, caía en la realidad de que tenía una orden de deportación pendiente.

Pero no quería volver. No quería salir de Estados Unidos.

“¡Ya, basta, dejen de ladrar!” les gritó a los perros.

Ellos la miraron por un instante con sus ojos dorados y sus enormes cabezas. Por un rato quedaron sentados, pero estaban alterados. Ella no era su líder.

Crónica: Sus pit bull la llevaron a la deportación

Uno de los pit bull implicados en el ataque. @DavidSFOX4

Había una escuela cerca y un parque, se escuchaba a los niños gritar y jugar cuando la brisa traía el sonido desde ese lado.

Uno de los perros comenzó a cavar con sus patas poderosas bajo la cerca.

María caminaba resuelta. Pensaba en sus cosas. Era una mañana normal de un día normal. Eso pensaba ella… pero pronto todo cambiaría.

Martha se acercó de nuevo a la ventana. Los tres perros estaban husmeando algo en la cerca. Uno de ellos intentaba meter la cabeza por debajo.

“Bueno, tengo que decirle a mi hijo que refuerce eso o los ate”, pensó. Pero nunca imaginó que ya era tarde.

El primer pitbull metió la cabeza en el hoyo que había excavado y se retorció hasta que pudo atravesarlo. Los otros dos le siguieron sin dudarlo.

Ahora eran tres enormes animales con el instinto desatado… y María estaba justo allí.

La anciana escuchó una especie de ladrido profundo antes de paralizarse de terror. Esos tres animales la rodeaban cortándole el paso.

“¡Fuera!, ¡largo!”, les gritó con la voz temblorosa, y alzó el brazo para defenderse.

Eso hizo que uno de los pitbull la atacara directamente, lo que sirvió como detonante para que los otros dos lo imitaran.

María gritaba, sentía cada mordida, cada pedazo de carne desgarrada, el olor a sangre, su sangre, mezclado con el aliento de los perros tan cerca de su rostro.

Ellos mordían, desgarraban, volvían a morder, gruñían.

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