CRÓNICA TEXAS: Las Guillén, una estirpe de guerreras que nunca se rinde

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CRÓNICA TEXAS: Las Guillén, una estirpe de guerreras que nunca se rinde
  • La familia de Vanessa Guillén: Gloria y sus hijas Mayra y Guadalupe lograron que el Ejército de Estados Unidos, la armada más poderosa del mundo, escuchara los reclamos de justicia de tres hispanas
  • Las personas que nos hemos acercado a Las Guillén nos hemos encontrado con tres mujeres que no conocen la palabra derrota en aras de buscar justicia para la soldado desaparecida y muerta
  • Mamá Guillén, una inmigrante mexicana, asegura que ha perdido el miedo en su lucha para exigir justicia porque Dios está de su lado y él es más poderoso que cualquier ejército del mundo

Hay mujeres que con su lucha marcan la vida de millones de personas. La soldado Vanessa Guillén viene de una de esas familias de guerreras.

Los medios de comunicación de todo el mundo hemos seguido con atención los rostros y las palabras de Gloria Guillén y de sus hijas Guadalupe y Mayra Guillén, quienes exigen cada día sin rendirse ante el Ejército de Estados Unidos, tal vez las fuerzas armadas más poderosas del mundo, que le hagan justicia a la muchacha que desapareció de la base de Fort Hood en Killeen, Texas.

Estar frente a cualquiera de las Guillén es presenciar un tornado de rabia y dolor. Pero también el viento de una indómita batalla llena de esperanza y fe en Dios. Ni el brutal calor del sureste de Texas parece que las puede doblegar.

La crónica que sigue a continuación se construye con un coro de varias voces de quienes hemos estado cerca de las Guillén durante su lucha.

Unas voces son las de los activistas de los derechos de los inmigrantes Martina Grifaldo de Alianza Latina Internacional y de Alain Cisneros de la organización Familia e Inmigrantes en la Lucha (FIEL) de Houston. Otras voces más son de los reporteros de diversos medios de comunicación que hemos hablado con ellas.

Todos nos hemos conmovido al conocerlas.

Mayra Guillén, sin inmutarse pese al brutal calor de Texas, durante varios meses afuera de la base de Fort Hood para que el Ejército de Estados Unidos le haga justicia a su hermana muerta Vanessa Guillén. (FOTO David Dorantes/MundoHispánico)

Gloria Guillén se ha ganado el nombre de Mamá Guillén. No habla inglés ni sabe manejar. Es una inmigrante de un pueblo de Zacatecas que tiene una profunda fe en Dios. Es bajita y delgada. De tez morena y siempre lleva el pelo recogido dejando ver su frente amplia. Cuando habla mira fijamente a su interlocutor como si quisiera adivinar con la mirada si le mienten. Es normal, ya le han mentido mucho.

Cuando su hija Vanessa desapareció el martes 22 de abril ella supo, con esa corazonada que solo las madres tienen, que algo estaba muy mal. Sin dudarlo salió de su casa en Houston y se paró todos los días afuera de la base de Fort Hood, para exigirle a poderosos generales y comandantes que le dijeran qué le había pasado a su hija.

Mamá Guillén se llevó consigo a sus hijas Guadalupe y Mayra para pelear por la muchacha desaparecida. Desde entonces están juntas librando su batalla.

Mayra es callada, casi retraída, de voz suave en un susurro y parca con los extraños que se le acercan. Heredó de su madre la mirada inquisitiva.

Guadalupe es vehemente, alza la voz, exige, demanda, no se guarda su opinión, aprieta los puños cuando se sobresalta al pedir justicia.”¡Dios me dio cerebro para pensar y boca para hablar!”, dice con decisión.

Cada una de ellas es el escudo para las otras dos y saben que están respaldadas por el resto de su familia que ha preferido ser el apoyo desde la casa en el sur de Houston.

Desde que supieron que Vanessa había desparecido, las tres guerreras Guillén se quedaron a vivir durante varias semanas solas en un cuarto de hotel en Killeen para insistir en Fort Hood a que alguien les hiciera caso. Todos los días estaban firmes aguantando el inclemente sol de Texas, que lacera todo cuando llega la canícula.

Mama Guillén cargaba todos los días afuera de la base una botella de suero, de sabor, porque decía que cuando su hija apareciera tal vez iba a estar deshidratada. Así de grande era su amor y su esperanza.

Un viernes de mayo del 2020, afuera de Fort Hood, Mamá Guillén ya no está sola con sus hijas. La ola que levantaron con sus reclamos comenzó a crecer para protegerlas. Un mar de gente las cuida llegada de todo Texas, cada vez que salen a protestar.

Cientos de personas la rodean para mostrarle su apoyo y solidaridad. Mamá Guillén porta un rosario de madera del cuello. No tiene miedo de hablar. Dice que el dolor que siente es mucho más grande que cualquier temor porque Dios está de su lado y él es más poderoso que cualquier Ejército.

“Nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie ni a robarle a uno un hijo, solamente Dios, yo doy la vida por mis hijos” dijo Mamá Guillén, al borde del llanto, en una de las tantas protestas frente al campo militar.

Al otro lado de la calle Mayra Guillén, en su rol discreto, sostiene un cartel exigiendo justicia en el camellón de entrada a la base y durante horas no se mueve ni un ápice. Solo escudriña fijamente a los soldados que entran y salen en sus autos. Los militares no pueden sostenerle la mirada.

Las tres mujeres, con el dolor quemándoles las palabras, lograron en pocos meses lo que parecía impensable, ya que hasta el mismo presidente Donald Trump las recibió en la Casa Blanca en un hecho inédito para un hispano exigiendo justicia.

Desde abril a agosto, poco más de tres meses, esas tres mujeres pasaron de protestar solas paradas en la calles frente a una base con 36,000 soldados hasta tener la atención del líder de una de las naciones más poderosas del mundo. Y todo con el poder de su tres voces que se multiplicaron en millones. Se dice fácil.

Quienes las han visto de cerca durante su lucha ahora saben que las Guillén tienen roles muy definidos.

Mamá Guillén es la organizadora y el cerebro. Guadalupe es la incansable vocera. Mayra es la que pone manos a la obra para que sus ideas se concreten, ya sea con la cuenta de Facebook Find Vanessa Guillen (Encuentren a Vanessa Guillén), o con una incesante campaña en Twitter de #JusticeForVanessaGuillén. Unidas no hay nada que no puedan lograr.

“Son el ejemplo de una verdadera familia mexicana unida”, dice el activista Cisneros y Grifaldo, en entrevista por separado, lo secunda al explicar que “es la herencia de la que estamos hechos los latinos, de puro coraje para no rendirnos”.

Ese coraje para no rendirse como una fuerza incesante generó a su alrededor un movimiento nacional en Estados Unidos, y otras partes del mundo, que exige que cese el acoso y el abuso sexual en las bases del Ejército. No hay referentes en la historia para explicar lo que las mujeres han logrado.

Su demanda ha sido escuchada incluso por el mismo Ryan McCarthy, el secretario de la Armada y quien ante la ola de críticas y quejas, admitió el jueves 6 de agosto que en el Ejército le habían fallado a Vanessa Guillén y su familia.

Las palabras de McCarthy solo llegaron como una manera de disculpa porque tres mujeres, Mamá Guillén, Mayra y Guadalupe, salieron a las calles para sacudir al mundo enfrentándose sin temor a un gigante que ya ha ganado varias guerras.

Para Cisneros y Grifaldo el ejemplo de las tres mujeres será contado en los libros de historia en el futuro.

“Muertes similares a las de Vanessa ya han habido… desapariciones, violaciones, abuso de poder y redes de prostitución en el Ejército. Pero solo bastó que tocaran a la hija de una madre mexicana para que se moviera cielo, mar y tierra para encontrar la verdad”, detalla Cisneros.

Esa es la gran enseñanza para la posteridad dicen los activistas.

¿Si una sola madre mexicana junto a sus hijas pudo hacer eso, imagínense lo que podrían hacer miles de madres hispanas unidas para cambiar la situación de los diferentes problemas sociales que tenemos los hispanos en Estados Unidos?, se preguntan Grifaldo y Cisneros.

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