Crónica: Inyectan antidepresivos a niños en centros de detención

  • Crónica: Inyectan antidepresivos a niños en centros de detención.
  • Mario Guevara ahonda en la realidad de muchos niños migrantes en centros de detención.
  • Esto está pasando y marcará la vida de toda una generación de migrantes.

Solo imagina esto. Un niño triste, solo, con miedo. Alejado de su familia, sin entender qué pasa. Quiere irse a casa… pero nadie abre la puerta para que su familia le abrace, en cambio, alguien se acerca, toma su brazo y le inyecta.

Imagina el terror duplicado de un pequeño en esta situación.

Dios mío, con lo que yo tengo que luchar para que uno de los míos se deje aplicar una inyección ¡y eso que yo estoy presente!

Pues eso es lo que pasa con cientos de criaturas inmigrantes que están detenidas en centros mientras se resuelve dónde y con quién irán.

Así, como lo lees.

crónica inyectan antidepresivos

El gobierno del presidente Trump ha suministrado fármacos psicotrópicos, es decir, “cosillas” como Prozac, Zoloft y Lexapro a cientos de niños migrantes bajo custodia. Y no me lo invento yo, lo dice la información que salió a la luz  durante un testimonio en el Congreso el miércoles.

Durante la audiencia legislativa, el HHS, Departamento de Salud y Servicios Humanos, admitió que ¡uno de cada 30 niños estaba recibiendo antidepresivos! y no es que trajeran la receta desde sus países, porque en muchos casos ni siquiera se había consultado con los padres si podían hacerlo.

Yo me pongo en la piel de estos padres… y sé lo que sienten. ¡Solo imagina que alguien hace eso a tu hijo y no puedes defenderlo!

¿Por qué demonios hacen eso? Bueno, ya que mamá y papá no están, los niños alejados de ellos demasiado tiempo sufren trastornos como la ansiedad, depresión, ataques de pánico, ideas suicidas, estrés postraumático y/0 insomnio, según el reporte del HHS.

No pasaría si estas criaturas dejadas de la mano de Dios pudieran ser reubicados de forma eficiente y rápida con sus familiares consanguíneos o familias de acogida. Pero claro, la burocracia de la política de inmigración no se detiene a mirar si los pequeños sufren o no. Les pinchan y ya. Es más fácil, ¿no?

Y, en el supuesto de que sí, un niño esté ya tan traumatizado que necesita medicación, cuando los reubican, ¿quién les proporciona el tratamiento que estaban recibiendo? Porque no sé si lo sabes, pero esas cosas no se pueden cortar así de repente…

El Acuerdo de Flores, que Trump dejó sin efecto en agosto, decía que las familias y los menores migrantes no podían estar detenidos más de 20 días. Sin embargo, es sabido que pasan mucho más tiempo allí. Y cuanto más tiempo pasa, más vulnerables son los niños a sentirse deprimidos.

Me parte el alma, qué quieres que te diga.

“¡No quiero!¡No me pinche!”, y el niño se retuerce entre los brazos férreos de una enfermera.

“Si no dejas que te ponga la inyección, NUNCA vas a volver con tu familia”, le contestan.

Y el chiquito se deja. Vencido. Más triste y más apático.

La web Vice informa que “una demanda contra el albergue Shiloh en Houston acusa al Gobierno de haberles inyectado medicinas a niños en contra su voluntad y bajo la amenaza de no entregarlos a sus familias a menos de que los recibieran”.

Y yo me lo creo.

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