Crónica: ICE rastrea inmigrantes con GPS para cazarlos

  • Crónica: Cómo ICE rastrea víctimas con GPS para cazarlas
  • ICE rastrea a los inmigrantes liberados y monitoreados con monitores GPS de tobillo.
  • Así pudieron descubrir a la masiva cantidad de inmigrantes de la redada de Mississippi.

Era muy temprano. Secó su largo cabello frente al espejo del baño. Se veía bien esa mañana. Se lanzó una sonrisa y beso pícaro en el espejo. Sí se puede. Su GPS emitió un destello.

Cuidó mucho que el largo del pantalón cubriera el dispositivo GPS de su tobillo. Suspiró. Se sentía marcada como una res, pero era su única opción.

Un año y medio en un centro de detención la había hecho conocer el horror de la desesperanza, así que, caminar hacia el trabajo, aunque fuera ese trabajo, era una maravilla.

Salió a la calle y compró panecillos en la esquina.

“Buenos días”, le sonrió la vendedora. “¿A trabajar?”

“Sí”, dijo ella. Y sintió la mirada de los agentes del ICE en su nuca. “Como todos los días”. Sonrió agarrando la bolsa de panecillos y caminó despacio hasta la parada del autobús.

Muchas veces se sentía observada. Ya le habían dicho que era normal. Llevar una tobillera electrónica no dejaba que se sintiera libre. Estaba… en custodia.

Pero mientras se presentara a su cita periódica con Inmigración, todo estaría bien.

Se sentó junto a él en el autobús. Sintió las mariposas en su estómago.

Era un hombre bien galán y ya se había dado cuenta de que todas las mañanas la observaba de reojo.

Él pudo percibir el aroma a flores frescas de su piel bronceada. Casi se desmayó de placer.

No cruzaron palabra, ¡pero podían sentir tantas cosas allí sentados uno al lado del otro!

Cuando se levantaron para bajarse en la parada de la procesadora, ella bajó delante. Y miró hacia atrás impulsivamente para verle un poco más.

Entonces se dio cuenta.

Él también tenía un grillete con GPS en su tobillo. Lo vio de manera fugaz cuando él saltó el ultimo escalón de la escalerilla del autobús.

¡Él tambien!

Y tenían algo más en común, al margen del terco silencio de su amor inexplicable y secreto.

Durante toda la mañana ella planeó cómo hablar con él al día siguiente.

Durante toda la mañana él pensó en cómo decirle al día siguiente que moría por ella.

Ya no importaban sus pasados de inmigrantes luchando por un destino mejor. No pesaban los meses de detención. No había miedo al futuro o al presente. No apretaban sus grilletes con GPS. Sabían que mañana sería un día especial.

Sabían y sentían. Pero alguien más sabía demasiadas cosas que ellos ignoraban.

ICE sabía cuántos minutos tardaba ella en llegar desde su casa al puesto de panecillos, cuántos segundos charlaba con la vendedora, qué autobús tomaba para llegar al trabajo que no tenía permitido hacer y con quién se sentaba cada día en el autobús.

ICE sabía el nombre de la mujer de aroma a flores y piel de oro. ICE sabía a qué hora llegaba a su casa y dónde iba. También sabía que él demoraba lo suficiente como para tomar ese autobús todas las mañanas. Que, a veces, caminaba sin rumbo, que, siempre, desde hacía meses, ellos dos tenían una cronología perfecta para llegar a ese autobús y que se bajaban juntos.

Cuando se abrieron las puertas de la procesadora y entró La Migra con sus gritos y sus amenazas, ella quedó de pie buscando con la mirada ansiosa su rostro.

Encontró sus ojos castaños inundados de tristeza mientras le llevaban a empujones. Después ella misma se dejó arrastrar, ya no importaba nada…

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