Crónica: Hispano deprimido por coronavirus baleó a su familia (FOTOS)

  • Crónica: Hispano deprimido por coronavirus baleó a su familia (FOTOS)
  • “¡Señor! ¿Qué hice?”, se arrepintió ante las autoridades.
  • Smith Rivera mató a tiros a su esposa e hijo, otro hijo pudo escapar de su locura. 

Este hombre, Smith Rivera, de 59 años, había estado deprimido por toda esta situación de la pandemia. Bueno, a todos nos trae bastante de cabeza, pero a Rivera lo llevó un paso más allá.

Cuando los detectives de la Oficina del Sheriff del Condado de Orange le quitaron las esposas y le leyeron sus derechos, Rivera sintió que el mundo se abría bajo sus pies.

Y las llamas del infierno venían a lamerle los zapatos. No había vuelta atrás. ¿Cómo demonios iba a explicar lo que hizo y por qué?

Le mostraron la foto de su esposa Jodie y su hijo Matthew.

Rivera cerró los ojos. No quería verlos así. Quería recordarlos como eran antes.

Quería recordar a Jodie sonriente, amorosa, compañera. Quería mantener la imagen de Matthew intacta, como el bebé que fue cuando lo vio por primera vez, el niño al que enseñó a batear.

Pero no así, como le enseñaban los oficiales.

Sintió náuseas.

“¡Oh!, Señor, ¿qué hice”, dijo. “Lo siento mucho. ¡Oh!, Dios mío, ¡oh! No…”, repetía como un mantra. Tenía tanto dolor en el pecho que pensó que moriría ahí mismo. Y quizá eso deseaba.

Los policías le mostraron un arma.

Rivera cerró los ojos. No quería ver. Pero no hacía falta tener los ojos abiertos. Las imágenes de lo que había pasado el domingo en su casa lo perseguirán de por vida.

No quiso hablar más con los detectives. Era demasiado doloroso.

Pero todo estaba ahí, en su memoria.

Comenzó el sábado por la noche.

Hispano deprimido por coronavirus baléo a su familia, por Mario Guevara

Smith Rivera – Oficina del Sheriff del condado de Orange

Como Rivera había estado deprimido por el coronavirus, familia y amigos intentaban alegrarlo un poco. Salieron a tomar unos tragos, y funcionó.

Smith Rivera se sentía más desinhibido, más alegre.

Tanto, que al volver a casa quiso poner el volúmen de la música muy fuerte. No quería terminar la fiesta.

Pero los demás ya estaban cansados. No querían aguantar el volúmen al máximo.

“Papá, baja eso”, le reprochó Matthew, de 21 años.

“¡Ay! ¡Amor! No fastidie con la música, ya déjelo…”, acompañó Jodie de 57 años, su esposa.

Pero Smith Rivera no quería dar el brazo a torcer, de ninguna manera.

Eso originó una disputa familiar. Padre de tres hijos, en aquel momento estaban en la casa por lo menos Matthew y otro de sus hermanos.

Rivera sintió, ebrio como estaba, que todos estaban en su contra. El mundo, la familia, los amigos. ¡Estaba harto de todo!

Se puso cada vez más furioso. Matthew respondió. Su padre estaba insoportable. Una cosa llevó a la otra y la discusión escaló hasta convertirse en una pelea a puñetazo limpio entre los dos.

Jodie gritaba que pararan. Los presentes pudieron separarlos, y se llevaron a Smith Rivera al garaje para que se tranquilizara, pero estaba hecho un demonio.

No hubo forma de calmarlo y se escapó del garaje para correr a su dormitorio. ¡Estaba tan enojado y frustrado! Toda su depresión, mezclada con los tragos, salieron a flote.

Y se le ocurrió terminar con la ira que sentía de la forma más equivocada.

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