Crónica: Hispano declarado inocente después de 11 años en prisión

  • Crónica: Hispano declarado inocente después de 11 años en prisión.
  • Rubén Martínez pasó 11 años en prisión por un crimen que no cometió.
  • Su esposa pudo hacer justicia después de una larga lucha sin bajar los brazos.

Rubén Martínez se limpió las manos con un pañuelo. Los agentes volvieron a pedirle que pusiera las manos en la espalda y que estaba arrestado por robo a mano armada.

No podía entender por qué la policía le estaba diciendo eso. Él era un hispano honrado y jamás cometería un delito. Cuando lo metieron en la patrullera, lo último que vio en libertad fueron los ojos de María.

Su esposa lo miraba con amor y confianza. Ni un atisbo de duda en ella.

“Te amo, todo va a estar bien”, le dijo. No sabía que iba a tardar tanto.

Rubén Martínez Jr, pasó a ser un detenido y de ahí a ser juzgado. Él siempre sostuvo que era inocente y que podía probarlo. ¡Estaba trabajando cuando se cometieron los robos!

El ladrón cometió 4 de los delitos enmascarado, solo una vez lo hizo a cara descubierta, y hubo testigos que lo reconocieron como el delicuente que la ley decía que era.

“No fui yo, María, yo no haría nunca algo así”. Rubén lloraba en las visitas familiares al penal.

María mantenía la calma y le decía que sabía que eso era así, que lucharían y, al final, todo se aclararía.

Llegó el día del juicio. Dos de las víctimas de robo atestiguaron que Rubén no era la persona que ellos habían visto.

Pero esos testigos no fueron llamados por la fiscalía o la defensa en el juicio y la evidencia de que Martínez había estado en el trabajo no se presentó adecuadamente en el juicio tampoco. Todo terminó con una condena de 47 años en prisión.

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Rubén se parecía al sospechoso. Nadie lo defendi�� como merecía. Le ofrecieron un trato de dos años y medio en prisión si se declaraba culpable.

“Es lo mejor que puede hacer, Rubén”, le dijeron. Si se declara culpable, pasará unos meses aquí dentro y ya.

Rubén negaba con la cabeza entre las piernas. “Yo no hice nada, no voy a admitir que cometí esos robos, NO fui yo”.

Después pasaron cinco apelaciones ante tribunales estatales y federales que fueron rechazadas. Y 11 años de su vida.

María hizo de la causa de su esposo una bandera. Su vida estaba dedicada a probar la inocencia de la persona que amaba y en la que creía. Sentía que solo ella podía salvarlo.

Siempre se mantuvo fuerte a lo largo de los años. Fiel compañera, incansable.

En casa era otra cosa… las cosas de Rubén quedaron como el día en que se lo llevaron. Sus camisas en el cóset, su perfume en el baño, su cepillo de dientes al lado del de ella, esperando.

Muchas noches María liberaba las lágrimas atragantadas en su garganta y lloraba mares sobre las cajas de fotos de recuerdos inolvidables, cuando la vida era lo que tenía que ser.

¿Por qué a ellos? ¿Por qué nadie se molestó en verificar la coartada contra Rubén? ¿Cómo era que por ser hispano se pareciera a otro hombre y eso bastara?

Pero ella creía en él, lo amaba y estaba decidida a luchar hasta el final.

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