Crónica: “Extrañándote, bebé”, después de violar a nena le envió WhatsApp

  • Crónica: “Extrañandote, bebé”, después de violar a nena le envió WhatsApp.
  • Un hispano violó a una niña de 12 años y le atraparon por un “error estúpido”.
  • No pudo contenerse las ganas de seguir acosando a su víctima.

Un inmigrante peruano en Argentina, conocido como “El Lobo” hizo homenaje a su apodo y cometió un crimen atroz contra una niña de 12 años… que nunca volverá a ser la misma.

Corría el mes de noviembre de 2019. El peruano, un feriante de 33 años, había conseguido el número de celular de una niña, apenas preadolescente, con la que había trabado confianza.

Igual que el lobo de Caperucita Roja.

Envió un par de mensajes amistosos a la pequeña y, después, empezó a exigirle otras cosas.

La acosaba con mensajes cada vez más sexuales. La niña no podía evitarlo porque él insistía desde distintos teléfonos. Después le pidió fotografías.

A esa altura, una niña tan joven no sabe cómo actuar. Es fácil de convencer de que si se sabe lo que sucede, van a castigarla, que nadie la va a creer o que se enfadarán con ella porque es “sucia”.

Lo que sucedió es que este hombre, por llamarlo de algún modo, de iniciales G.M.L,  se las arregló para convencer a la menor de encontrarse en un lugar.

La esperó cerca de su barrio, al acecho, en su camioneta. La hizo subir al vehículo y la llevó a otro lado, una zona apartada.

“Bueno, bebé, ahora sí”.

“¿Ahora qué?”, contestó la niña. “Llévame a mi casa”.

“No seas tontita”, y el peruano comenzó a tocarla donde no debía.

La niña se estremeció.

“¡No me toques! ¡Me quiero ir!”

Pero “El Lobo” ya tenía su plan y no iba a dejar que la nena se le escapara.

Allí mismo, en la camioneta, reclinó los asientos y le sacó a la niña su ropa interior.

Ella luchaba contra su agresor, pero nadie podía escucharla y él era mucho más fuerte que ella.

“Te va a gustar, bebé. Verás que rico”, le susurraba él en el oído.

Y aunque la niña gritaba, lloraba y decía que dolía mucho, “El Lobo” la violó sin preservativo. Hizo con la niña lo que quiso y, cuando acabó, la mandó vestirse y secarse las lágrimas.

“Ahora te llevo a casa, bebé”, sonrió el peruano, “pero si le cuentas a alguien, te juro que mato a tu padre… ¿entendiste? Ni una palabra a nadie. Esto es entre tú y yo”.

Crónica: Extrañándote bebé

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Cuando la niña volvió a casa, nadie se dio cuenta. Fue directo al baño y tomó una ducha larga y caliente que escondió su llanto desgarrado.

Su madre si se dio cuenta de que estaba más callada que de costumbre. Ya no quería salir a jugar. Portestaba si la mandaban a la tienda, cuando antes iba sin problema.

Se quedaba mirando la tele y su celular. No quería nada.

Y su madre empezó a vigilar sus movimientos.

Un mes después, el 4 de diciembre, la niña no había mejorado. La madre sabía que algo estaba muy mal, pero no recibía respuestas.

El celular de la pequeña estaba sobre el sofá. Ella había ido al baño. Sonó.

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