Crónica: El desafío de Río Grande, morir o cruzar ¿hasta cuándo?

  • Crónica: El desafío de Río Grande, morir o cruzar ¿hasta cuándo?
  • ¿Hasta dónde es lógico jugarse la vida o permitir que se haga?
  • El reto más grande y mortal de miles de hermanos… la cruda verdad.

Me gusta la nieve. Quizá no estoy genéticamente preparado para soportarla mucho tiempo, pero es una imagen de paz que me atrae.

Claro que nunca sabes qué es lo que trae la vida como sorpresa…

Por eso, pensar en una nevada impresionante en las montañas Rocosas, la paz de esos copos cayendo en el silencio nunca hubiera despertado en mí el alerta.

Tampoco en una madre haitiana que decidió probar fortuna en Estados Unidos. Ella sí que nunca hubiera pensado en que la nieve iba a ser su peor enemigo. No la había visto ni en la tele, porque quizá ni eso tenía en su patria. Por eso, con su poca ropa y la fiereza de la determinación en la cara, tomó a su hija de 2 años y se lanzó a la aventura.

Llegó a México como pudo. Con la criatura en brazos. Le habían contado que, desde allí, era posible pasar a EE.UU. Y bueno… ¿qué podía perder? No tenía nada más que esperanza.

Y lo hizo.

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Llegó al río Bravo una semana después de que este se cobrara la vida de Valeria y su papá.

Ella no sabía esta historia. Solo quería cruzar. Cruzar. Cruzar.

La Patrulla Fronteriza la detuvo, como era de esperar. La mujer lloraba lágrimas redondas y cargadas de dolor. ¿Qué decía?

Los agentes se miraron entre sí, medio resignados, medio hastiados. Se comunicaron con alguien. Llegaron las patrullas.

Crónica: El desafío de Río Grande, morir o cruzar ¿hasta cuándo?

Otra bebé desparecida en el río. Otra vida segada antes de entender qué es la vida. Otra criatura que no crecerá ni en su país natal ni en Estados Unidos.

La madre haitiana cuenta que perdió a su bebé en el río.

¿Cuántos más? Yo pienso en esos comentarios xenófobos que leí el otro día en las redes acerca de un padre migrante que había envuelto a su hijo en una bolsa de basura para cruzar la frontera. El comentario era: “Bueno, al menos ya estaba en una bolsa de residuos”.

Sin palabras.

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