Crónica: Conductores hispanos se vuelven temerarios tras el volante

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Crónica: Conductores hispanos se vuelven temerarios tras el volante
Fotos cortesía de la policía de Norcross
  • Crónica: Conductores hispanos se vuelven temerarios tras el volante
  • Más de un centenar han sido arrestados en el último mes por imprudentes
  • Autoridades advierten que seguirán pisándole los talones a este tipo de gente irresponsable

Robin Pacheco fue acusado la semana pasada de haber causado un fatal accidente de tránsito en el que perdió la vida un estadounidense de 36 años. De acuerdo con las autoridades de Carolina del Norte, Pacheco se atrevió a conducir su vehículo a sabiendas de que estaba completamente borracho.

Según el reporte policial, el conductor hispano de 35 años apenas había manejado unas cuantas millas cuando se desorientó debido a su alto nivel de intoxicación y se metió a la autopista, pero por el carril contrario. No tardó mucho en encontrarse de frente con otro carro que era conducido por Cheston Edwards.

A pesar del grave choque, el responsable salió ileso

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Tras la colisión, Edwards falleció en el acto debido a la gravedad de las heridas que sufrió, mientras que Pacheco, a quien la policía señala como el causante de la tragedia, resultó ileso con apenas un par de lesiones menores que están lejos de amenazar su vida, lo cual no es nada extraño.

Y es que, por lo general, en esta clase de casos, casi siempre el responsable termina con daños menores, mientras que las víctimas inocentes terminan muertas o en sillas de ruedas. Lo he visto tantas veces. Ahora en lo que respecta al tema legal, a Pacheco le espera un tormentoso proceso y bien merecido que se lo tiene.

Al parecer se consideran indestructibles

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Casos como el de Pacheco los reportamos frecuentemente para tratar de crear consciencia en nuestra comunidad sobre las repercusiones de conducir intoxicados, un delito conocido en inglés como DUI, pero parece que no todos logramos entender la importancia de este mensaje.

De hecho, hasta da la impresión de que muchos lo hacen como un tipo de reto. Incluso, en los últimos días, hasta se ha visto un aumento no solo de personas que manejan borrachas, sino que, para colmo, en ese estado, hacen carreras ilegales en las calles y carreteras, aumentando más el riesgo de causar nuevas tragedias.

Ni siquiera las redadas policiales logran frenarlos

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Tan solo en Georgia, en menos de un mes, las autoridades estatales y locales han detectado y apresado a un centenar de personas (en su mayoría jóvenes) que cometieron esta clase de irresponsabilidades. También han confiscado unos 60 vehículos involucrados en carreras ilegales en condados como Gwinnett, Clayton y Fulton, entre otros.

Las autoridades estatales y locales están tan preocupadas por esta situación que hasta están imponiendo ordenanzas y promoviendo leyes que aumenten los castigos a conductores temerarios, de modo de tratar de pararlos, ya que ni siquiera las frecuentes redadas policiales han logrado hacerlo.

Johanna y Juan son un ejemplo de lo que no debemos hacer

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La semana pasada Johanna Ramírez, de 22 años y Juan Daniel Ramos, de 24; fueron a un nightclub de Atlanta para “disfrutar” de una noche de parranda. Bailaron, bebieron y chistearon. Hasta ahí todo iba bien, pero cuando el bar fue cerrado ahí sí que se equivocaron en sus decisiones, pues se les plantó manejar de regreso a sus respectivas casas.

Por si fuese poco el hecho de que iban tras el volante con sus múltiples tragos encima, también se les ocurrió la idea de hacer una pequeña “carrerita” para sentir la adrenalina a esa hora de la madrugada. Primero se pusieron al lado y de repente, ambos aceleraron como que si fuesen perseguidos por el mismo diablo.

Fueron cachados in fraganti por el temido oficial Peña

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Para mala suerte de ambos, pero para buena suerte de quien sabe cuántas otras personas inocentes, un patrullero de la ciudad de Nocross los vio. No fue cualquier oficial el que los detectó, sino que el dominicano Benny Peña, famoso por su gran capacidad para cachar choferes borrachos en las calles.

Peña se dio cuenta que iban compitiendo y comenzó a seguirlos. Cuando los dos conductores se dieron cuenta de que les pisaban los talones, redujeron la velocidad y trataron de separarse al llegar a una luz en rojo, pero de nada les sirvió su invento, ya que Peña, sagazmente les cruzó su patrulla a ambos al mismo tiempo.

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Los dos conductores iban ebrios, además

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Peña los bajó de sus camionetas, luego los sentó en la parrilla frontal de su patrulla y comenzó a regañarlos por su osadía de haberse atrevido a manejar a excesiva velocidad. Al principio quisieron actuar como que no se conocían, pero luego reconocieron que eran amigos y que venían de tomarse unos cuantos tragos, pero en sus carros la policía encontró evidencias de que fue mucho más que eso.

El uniformado les hizo a los dos las respectivas pruebas de sobriedad y ambos reprobaron, por lo que acabaron esposados y luego en una fría celda de la prisión del condado de Gwinnett. Fueron liberados poco después tras pagar una fianza de casi 5 mil dólares cada uno. Afortunadamente solo acabaron en un lío legal, pero pudo ser peor en caso de que provocaran un accidente que dejara muertos o heridos como en el caso de Pacheco. Espero que hayan aprendido la lección. Gracias por leer mi crónica de hoy en MundoHispánico. Hasta la próxima.

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