Crónica: Conductor hispano pide a gritos que lo maten

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Crónica: Conductor hispano pide a gritos que lo maten
Mario Guevara/MH
  • Crónica: Conductor hispano pide a gritos que lo maten.
  • A pesar de que tenía a sus hijas aquí, el chofer dijo que no le importaba si lo deportaban.
  • Cuando traté de entrevistarlo me recordó a mi madre y me mandó a comer m…

Eran pasadas las 4:00 de la tarde, cuando medio mundo ya suele estar ansioso por llegar cuanto antes a casa.

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A esa hora, la mayoría quisiéramos tener autos voladores para poder evadir el tráfico, pero lamentablemente eso solo existe en la serie ‘Los Supersónicos’.

A todos nos toca armarnos de paciencia y avanzar conforme a la ruta que escogimos lo permita.

Pero de repente aparece atrás de mí una camioneta a toda velocidad, conduciendo de manera errática y por el carril que divide ambos sentidos de la vía.

“Oh no, va chocar”, fue mi primera reacción al ver que se pasaba un semáforo en rojo. Por suerte no fue así, los demás vehículos lo vieron y lograron frenar a tiempo.

“Pero ¿qué le pasa a este tipo?” Me pregunté… “Ojalá lo pare algún policía antes de que mate a alguien…”.

Mi deseo se hizo realidad. Comencé a escuchar a lo lejos una sirena.

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El conductor guatemalteco en evidente estado de ebriedad opuso resistencia al momento en que lo llevaban a la cárcel. (Mario Guevara/MH)

Las autoridades de la ciudad de Norcross (Georgia) ya habían sido notificadas sobre el comportamiento agresivo del conductor y estaban tras su pista.

Una patrulla lo esperaba adelante y se le pegó, pero… sorpresa, el sujeto seguía manejando como si la calle fuera suya.

Decidí seguirlos a una distancia moderada para evitar verme envuelto en caso de que ocurriera una tragedia.

Media milla más adelante, otra vez el individuo estuvo a punto de estrellarse. Literalmente quedó a un par de metros frente a un camión de carga.

“Ahora sí se mató”, pensé asustado. Sorpresa, el individuo se movió hacia su derecha y continuó la marcha, aunque ya a una velocidad mucho menor.

Crónica: Conductor hispano pide a gritos que lo maten

Ciego sabía que no estaba, pues acababa de evadir con éxito una colisión que pudo haberle costado la vida.

Pero a lo mejor es sordo, me dije a mí mismo, pues parecía ser el único que no escuchaba las sirenas ahora de tres patrullas que lo estaban tratando de acorralar.

Una oficial se bajó de su patrulla y se acercó a la van. Al llegar a la ventana trató de abrir la puerta del pasajero, pero estaba bloqueada.

Corrió hacia el lado del conductor, que afortunadamente tenía parte de la ventana abierta, metió su mano, quitó el seguro a la puerta y de inmediato apagó el motor y retiró las llaves.

El conductor estaba inconsciente sobre el timón. “Pobrecito, a lo mejor tiene algún problema médico. Quizá le dio un infarto”, pensé.

Los paramédicos llegaron un minuto más tarde. Creo que ya estaban en los alrededores pendientes de un posible accidente.

“Está dormido. Al parecer se encuentra intoxicado”, dijo uno de ellos y la policía decidió actuar.

Entre dos uniformados lo bajaron de la camioneta y, tras revisar la unidad, sacaron múltiples latas de cervezas, de las más grandes.

“Señor, está usted bajo arresto por manejar bajo la influencia del alcohol (DUI). ¿Entiende la gravedad de los cargos?”. No hubo respuesta por parte del sospechoso.

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Romero-Santos acabó en el pavimento esposado por la policía. (Mario Guevara/MH)

Crónica: Conductor hispano pide a gritos que lo maten

Revisaron su billetera y encontraron una identificación de Guatemala a nombre de Santos Romero.

Lo trasladaron de inmediato a la sede policial más cercana y trataron de hacerle unas pruebas para medir el nivel de licor en su organismo.

No pudieron hacerle ninguna. Se negó a todo, pero al menos ya le respondía a los agentes.

Al ver que hacía el intento por hablar, le pregunté que si tenía familia. “Sí, mis hijas”, me respondió.

-“¿Sabe que puede ser deportado por esto?”, le dije.

-“¿A mí qué? Si no estoy haciendo nada. ¿Estás enojado conmigo?”, fue su respuesta.

-“Lo han acusado de manejar borracho. ¿Ha tomado?”.

Lo negó con su cabeza.

-“¿Y qué piensa hacer ahora, señor Santos?”.

-“Comé m… Hijo de la gran p…”.

Hacía años que nadie me insultaba de esa manera. Me quedé atónito.

“¿Te amenazó? ¿Qué te dijo?”, me preguntó el sargento a cargo de este caso.

“Nada importante, solo me recordó a mi mamá”, le dije sonriendo.

Como se negó a cooperar, la policía lo sacó de su precinto para trasladarlo a la cárcel del condado de Gwinnett.

“No quiero. No quiero. Kill me, kill me (mátenme, mátenme)”, comenzó a gritarle a los oficiales.

“Vamos Santos, nadie va a asesinarte”, le respondió uno de los uniformados.

Al llegar a la prisión, los carceleros descubrieron que era indocumentado y contactaron a Inmigración para que fuera por él.

Un par de días después, los agentes federales llegaron a recogerlo y tres semanas más tarde, ya estaba montado en un avión privado que tenía como destino Guatemala.

Por haber bebido de más ese día y peor aún, por haberse atrevido a manejar borracho, Santos se ganó un boleto gratis a la tierra que lo vio nacer.

Un recordatorio más de lo severas que están las cosas en Estados Unidos. Aunque para la mayoría de estados el DUI es un delito menor, para el gobierno federal es causa suficiente para que un extranjero sea deportado.

De hecho, ICE considera a esas personas como “no gratas” y como un “peligro para la sociedad” y, entiendo, después de haber presenciado todo lo que Santos estuvo a punto de arrasar en su recorrido.

Muchas gracias por leer mi columna de hoy y por compartirla en sus redes sociales. Hasta la próxima.