Crónica: Baleó a su hermano en la cabeza en Navidad

  • Crónica: Baleó a su hermano en la cabeza en Navidad
  • Jorge Alberto Rodríguez, de 26 años, discutió con su hermano la mañana de Navidad y lo baleó en la cabeza.
  • La víctima permanece en el hospital en estado crítico, dijeron los agentes.

Se supone que la Navidad es para disfrutarla en familia, pero hay veces que solo sirve para poner las cosas más tensas si hay problemas por el medio. En este caso, este tipo baleó a su hermano en la cabeza… ¡Vaya regalo de Santa!

Jorge Alberto abrió una lata de cerveza. Miró a madre y guiñó un ojo. La madre siempre estaba preocupada porque él y su hermano peleaban tanto.

“No te preocupes, mamá, vamos a estar bien”, dijo acariciando su rostro cansado.

“Siempre dicen lo mismo y siempre se pelean… me van a enfermar”, rezongó ella mientras terminaba de poner los platillos de la cena en la mesa.

Ella había preparado todos los detalles, quería, en el fondo de su corazón, que la cena de Navidad fuera linda… que hubiera risas y bromas, como cuando los chicos eran pequeños.

Pero al hacerse hombres, se le habían ido de las manos. Eran como fieras en una jaula.

Miró a sus dos hijos, uno en cada lado de la habitación, como midiéndose.

La tele era lo único que rompía un silencio tenso.

Se sentaron a cenar. Ella olía al agua de colonia de toda la vida. Los muchachos no habían hecho mucho por arreglarse.

Comieron en silencio, bajo el ronroneo de los villancicos en inglés de las publicidades en la tele.

De vez en cuando un “¿me pasas la sal?” o un desesperado intento de “¿está rico, hijos?”.

Pero los muchachos mantenían la distancia.

Madre no sabía qué era lo que los mantenía así, alguna discusión de la que ella no estaba enterada. Quizá era por dinero o por alguna mujer.

Crónica: Baleó a su hermano en Navidad

Jorge Rodríguez baleó a su hermano en la cabeza. Spartanburg Sheriff’s Office

Jorge miraba a su hermano por encima de los platos y vasos.

Su hermano lo miraba también.

Madre masticaba la tensión.

Entonces llegó medianoche. Se felicitaron un poco tiesos y siguieron mirando la pantalla.

De vez en cuando algún vecino pasaba a saludar y entraba en la casa un hilo de felicidad. Esa felicidad que se escuchaba afuera y que madre tanto añoraba.

Se fue a la cocina arrastrando los pies con la pila de platos sucios. Ya era tarde. Desde el quicio de la puerta de la cocina miró a sus hijos a la luz intermitente de la iluminación del arbolito de plástico.

Mientras lavaba los trastes escuchó sus voces. Parecían charlar, al principio.

Después fueron alzando las voces.

Madre no quería oir, así que puso la radio para tapar sus gritos… porque ya eran gritos.

Jorge tenía la vena del cuello hinchada. Miraba fiero a su hermano, que seguía discutiéndole. No había nada en el mundo que los pudiera poner de acuerdo.

Sintió cómo la ira, mezclada con el alcohol, le subía por las tripas a toda velocidad.

Su hermano seguía gritando, él también gritaba. No lo soportaba más.

Metió la mano en su bolsillo y sacó el arma.

Su hermano quedó en silencio de repente.

Madre se estremeció, ¿qué demonios…?

Jorge apuntó a la cabeza de su hermano. “¡¡¡Dilo otra vez!!!”.

“Jorge, ¿qué haces, bro? ¡Para!”.

“¡¡¡Me tienes harto!!!”, bramó Jorge y su dedo se deslizó por el gatillo casi sin darse cuenta.

Jorge baleó a su hermano en la cabeza. El disparó resonó en la sala al tiempo que madre aparecía corriendo. “¿Qué hiciste, Jorge? ¡Qué hiciste!”.

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