Crónica: Aunque tarde, pero finalmente se hizo justicia

  • Crónica: Aunque tarde, pero finalmente se hizo justicia.
  • El salvadoreño pensó que se saldría con la suya, pero se equivocó.
  • Desgraciadamente, no toda la familia de la víctima pudo celebrar el fallo en contra del imputado.

Adalberto Salinas y su esposa Francisca era una pareja de empresarios muy prominente en Georgia.

Compraron Buford Hwy Flea Market, un reconocido supermercado latino localizado en el corazón del área metropolitana de Atlanta.

El matrimonio había alcanzado el ‘sueño americano’, pues financieramente le estaba yendo tan bien, al grado que, en poco tiempo adquirieron un segundo negocio.

Pero el éxito muchas veces también atrae a la envidia, avaricia y acarrea enemigos, al punto que, sin quererlo, los Salinas se pusieron en la mira del hampa.

Crónica tarde hizo justicia

Adalberto Salinas (Foto familiar)

El salvadoreño Héctor Garay les puso el ojo y comenzó a tramar un plan para despojarlos de sus pertenencias.

Trató de contratar a otra persona para que le ayudara a asaltar a la pareja, ya que sabía que diariamente manejaban fuertes cantidades de dinero en efectivo.

Sin embargo, el que creía se convertiría en su cómplice se negó, pero eso no lo hizo desistir de su proyecto ilegal para ganar dinero rápido y fácilmente.

Un día, el centroamericano esperó a que los Salinas cerraran sus establecimientos y los siguió hasta su hogar en el condado de Gwinnett.

Garay dejó su vehículo estacionado a una distancia no muy lejana, pero tampoco tan visible de la casa de los Salinas.

Caminó hacia la vivienda y tocó a la puerta principal, como si se tratase de algún vecino.

Inocentemente, Adalberto le abrió sin investigar antes de quien se trataba, error que le costó la vida.

Y es que de una vez Garay le apuntó con su pistola y se metió a la residencia para exigirles dinero a las víctimas.

Tras apropiarse de una buena cantidad de efectivo, el malhechor se retiró, pero no sin antes abrir fuego en contra del reconocido empresario.

Fueron tres los balazos que el salvadoreño hizo esa noche, aunque dos de ellos impactaron en el cuerpo de Adalberto, pero fueron más que suficientes para matarlo en el acto.

Tras la huida del verdugo de su esposo, Francisca, que lo presenció todo, llamó al 911, pero cuando la policía llegó ya no había ni rastros del asesino.

Las autoridades comenzaron a investigar, pero tenían muy pocas pistas.

Afortunadamente, el individuo al que Garay había tratado de conquistar para que le ayudara en el atraco atendió al llamado de su conciencia y decidió denunciarlo tras enterarse de que había cometido el horrendo crimen.

Tras saber de qué ya estaban tras su pista, Garay cobardemente se fue para Texas y unos días después abandonó Estados Unidos y se regresó a su patria, en un intento por evadir a la justicia.

Y lo logró por mucho tiempo, pues el mortal atraco lo cometió el 21 de enero de 1996, o sea hace casi 24 años, pero para su mala suerte, gracias a que las órdenes de arresto no tienen fecha de expiración, finalmente lo atraparon.

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