Crónica: Baleados y muertos ¡por un piropo!

  • Crónica: Baleados y muertos ¡por un piropo!
  • Tres hombres hispanos resultaron muertos a balazos por decir un piropo a una mujer.
  • Las lindas palabras de dos hombres a la belleza de una mujer ocasionó la tragedia impensada.

El mundo está cada vez más loco y más violento. O a mí me lo parece, hermano. Es que no pasa día sin que tenga algo que contarte que me deja pasmado y petrificado. En este caso… el lío vino por un piropo.

La cosa fue así y sucedió en Colombia, en Santa Marta.

La familia Sanjuanello celebraba con amigos y familiares, estaban reunidos disfrutando en el patio de su casa del popular barrio Luis R. Calvo charlando y en sus cosas, cuando pasaron junto a ellos tres personas.

Los tres que pasaban eran presuntamente de nacionalidad venezolana, y uno de ellos era una mujer muy bella.

Así que, desde la casa de los colombianos que celebraban, quizá un poco bebidos y chispeantes, llegaron palabras de admiración y, parece, un piropo un poco subido de tono.

Quizá la belleza se ofendió, quizá no… pero los que lo tomaron muy, pero muy mal, fueron los dos tipos que la acompañaban.

asesinados por piropear

Foto referencial. ShutterStock

Y ahí comenzó el problema.

Los venezolanos, muy iracundos y molestos, se acercaron a los colombianos a insultarlos por ofender a la mujer. Y los colombianos no se quedaron callados. Estaban en su casa y les parecía una desmesura que les fueran a regañar de esa manera.

Y así fue escalando la discusión hasta niveles bastante pesados. Tanto, que los venezolanos amenazaron de muerte a los que estaban de fiesta.

Y se fueron.

Franklin Antonio Sanjuanello Márquez y su hijo Pedro Fernando Sanjuanello quedaron mirando cómo se retiraban los tipos con la mujer.

Demis Herrán Morales levantó su vaso y propuso seguir con la fiesta. ¡No era de importancia! ¡Había mucha gente loca en el mundo!

“Por un piropo ¡cómo se pusieron!”, dijo Jorge Armando Olaya Matius.

Se rieron, se encogieron de hombros y siguieron con su farra.

A las 6:00 PM escucharon el ronroneo de una moto por la calle de su casa.

A lomos del vehículo venían los dos venezolanos enojados por el piropo. Los colombianos los miraron pensando que venían a discutir de nuevo.

Comenzaron a levantarse de sus asientos para terminar la historia de una manera civilizada. Un piropo, aunque hubiera sido fuerte, no era para volver a pelearse de nuevo.

Pero entonces, el venezolano que viajaba en la parte de atrás de la moto sacó un arma. Apuntó y tiró como si estuviera jugando en un “pim pam pum” de feria.

La balacera fue tan rápida que las víctimas no pudieron reaccionar a tiempo, ninguno tuvo tiempo de defenderse o resguardarse en sus casas para ponerse a salvo.

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