Crónica: Alerta a la comunidad por estafas a hispanos con oro falso

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Crónica: Alerta a la comunidad por estafas a hispanos con oro falso
Foto cortesía de un lector
  • Crónica: Alerta a la comunidad por estafas a hispanos con oro falso.
  • La clave de este fraude masivo está en la buena capacidad de los vendedores.
  • Todo indica que la mafia detrás de este fraude está amasando grandes fortunas.

Hispanos en Estados Unidos se han convertido en el blanco de estafadores que los engañan vilmente convenciéndolos de comprarles piezas de oro falso.

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Aunque realmente no es una estafa nueva, en los últimos meses se ha vuelto más común que nunca y los latinos son la presa favorita.

Cientos y quizás hasta miles de inmigrantes en todo el país han sido víctimas ya de estos desalmados que, valiéndose de su vulnerabilidad como indocumentados, lograron engañarlos para que compraran sus “joyas”, según la información que he logrado recabar.

Tras ser alertados por múltiples fuentes sobre la proliferación de esta clase de fraudes en Georgia, decidí iniciar una investigación periodística y lo que descubrí me dejó completamente atónito.

Y es que no se trata de un grupo cualquiera de timadores, sino de bandas debidamente organizadas que también están ligadas con ciertos carteles de la droga en México y el contrabando humano.

Durante varias semanas decidí merodear por las tardes diversos centros comerciales en las zonas con más hispanos del área metropolitana de Atlanta tratando de toparme con alguno de esos grupos de estafadores.

Los primeros días no tuve suerte, al punto en que casi me di por vencido. Sin embargo, como dice el popular proverbio, “el que persevera, alcanza”, y decidí seguir tratando, hasta que finalmente los caché.

Uno de mis tantos seguidores en Facebook me mandó un mensaje diciéndome: “¿Señor Guevara, recuerda que usted nos advirtió en su página de que andaban en carros ofreciendo oro falso? Pues me acabo de topar con dos de ellos, pero no caí”.

Mi fuente hasta me mandó una foto de la camioneta en que andaban y me dio los datos precisos de donde estaban, por lo que me dirigí hacia allá para buscarlos.

Llegué en cuestión de minutos al sitio indicado en la ciudad de Norcross, pero ya no los encontré. “Deben andar cerca”, pensé y no me equivoqué.

Los hallé en otro centro comercial aledaño y, sorpresa, el conductor del vehículo estaba conversando con otro conductor hispano, su nueva víctima potencial sin duda.

Me quedé un instante en mi carro para tratar de grabar la transacción, pero a los individuos les fue mal, pues el hombre tampoco les quiso comprar nada o quien sabe, a lo mejor lo convencieron, pero no andaba el efectivo que le pedían por su basura disfrazada de joyas.

Me bajé del auto y decidí confrontarlos. “Hola amigos, yo quiero ver las prendas de oro que están vendiendo”, les dije. Los hombres se quedaron perplejos viéndome.

Sabían que algo no andaba bien, se sintieron como descubiertos, por lo que dejé de simular interés y les hablé claro.

“Soy periodista, los he estado siguiendo y tengo bien documentado todo lo que han andado haciendo hoy”, fue la mentira piadosa que les di para tratar de convencerlos de que me hablaran con la verdad y me funcionó.

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“Te conocemos. Los patrones nos han advertido sobre ti. Te vamos a contar absolutamente todo, pero por favor no vayas a sacar nuestras caras en el periódico ni a poner nuestros nombres”, me dijo el chofer.

Acepté el trato, pues a cambio de no exponer públicamente los rostros de un par de personas, preferí saber el origen de toda su treta y eso me pareció más importante para los lectores de MundoHispánico.

Los sujetos, sin embargo, no revelaron su identidad ni dieron detalles que lleva a identificarlos.

Mi nueva fuente y su acompañante comenzaron diciéndome que en realidad no se dedicaban a eso porque querían, sino para pagar la deuda por su viaje ilegal a Estados Unidos.

Me contaron que eran originarios de Irapuato, Guanajuato (México) y que allá conocieron personas que les ofrecieron cubrir los costos de su viaje a cambio de que trabajaran por lo menos un año para ellos en Estados Unidos.

Como estaban desempleados allá, como muchas aspiraciones, pero con pocas posibilidades de lograrlas, decidieron aceptar la oferta.

Tras violar los controles fronterizos, los trasladaron a un complejo de apartamentos en las cercanías de Chicago, Illinois, donde funciona su “caza matriz”, o sea su base de operaciones.

Ahí tienen la mayor parte de la mercancía para surtir semanalmente a todos los grupos (compuestos por no menos de 5 sujetos) que, según mi fuente, superan los 300.

Tras cargarlos con las joyas falsas que los administradores (cuatro mujeres y un hombre) traen desde la Ciudad de México, donde pagan un dólar por cada pieza, los distribuyen por todo el país en carros con placas de diversos estados.

Texas, Florida, Georgia, Tennessee y las Carolinas son estados donde están presentes en la región sureste, debido a que hay alta concentración de hispanos.

“Tienen que ser hispanos los clientes, pues el americano no compra nada en la calle y porque la mayoría de los que andamos vendiendo no hablamos inglés y porque además los hispanos debido a su condición migratoria difícilmente van acudir a la policía para denunciarnos cuando descubran que los engañamos”, me dijo.

A cada grupo les rentan cuartos en moteles económicos como el Motel 6 y el Super 8 y les dan viáticos para su comida. Su jornada laboral en las calles comienza a las 11:00 am y concluye a eso de las 8:00 pm.

Mi fuente asegura que su “trabajo” es como cualquier negocio de ventas: si lo hacen bien, les dan bonos y los exaltan ante los demás, lo que suele despertar envidias y celos.

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La fuente me relató que, para ganarse una comisión, es obligatorio vender por lo menos 300 dólares por día, lo cual logran con un par de cadenas o pulseras y que, gracias a ello, los encargados de esta “mafia” están amasando una fortuna en México.

“La clave está en ser buen vendedor, en conmover. Tienes que convencer a la gente de que estas necesitado, que te urge el dinero para ayudar a tu madre o algún hijo que está muriendo de cáncer o para sacar algún familiar que está preso con Inmigración”, me narró.

Los hombres son desplegados en las afueras de tiendas, restaurantes, gasolineras y centros comerciales, mientras que las mujeres en complejos de apartamentos y casas móviles, donde deben de tocar puertas al azar.

“Toca conocer los lugares, familiarizarse con los vecindarios y todos los días tenemos que lidiar con gente que no te cree, que te insulta o que lo mandan al carajo a uno, pero hay que ser paciente, pues siempre cae más de uno y con eso te repones.

Según mi contacto, los buenos vendedores son capaces hasta de convencer a los clientes afuera de las joyerías o casas de empeño con el argumento de que les pagaban demasiado poco por sus joyas, argumento que es creíble.

Todos cargan trapos para limpiar sus piezas y antes de salir del hotel las lavan con salsa valentina y jabón y luego las pulen para que brillen, pero eso suele durar menos de 24 horas. Después se ponen negras.

Las piezas soportan ser metidas en el cloro y hasta en el ácido de batería, pero no más de dos minutos y al ver eso, los compradores se convencen de que es oro verdadero.

En ocasiones, hasta los siguen a cajeros automáticos para que retiren su dinero y hasta han acompañado a las personas a sus hogares.

“En varios de los grupos andan niños, a ellos se les hace más fácil que la gente les crea”, me aseguró mi fuente. “A otros clientes agresivos a veces nos amenazan con llamar a la policía o incluso nos han mostrado sus armas para intimidarnos”.

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Cuando les pregunté que por qué simplemente no se mudaban y abandonaban el grupo para dejar de arriesgarse, su respuesta me dejó sorprendido.

“Nos tienen extorsionados. Desde que lo reclutan a uno en México algo que hacen cada seis meses, lo hacen firmar pagarés en blanco de si los dejas, te quitan cualquier cosa que tengas a tu nombre y sino tienes nada, pues sus aliados allá que son narcos van a secuestrar a algunos de tus familiares hasta que les pagues la deuda”, sostiene.

De acuerdo con el muchacho, al menos dos de los vendedores ya fueron arrestados por la policía en lo que va del año, uno en Florida y el otro en Georgia.

“Uno aprende hasta mentirle a los oficiales. Se les debe hacer creer que no lo vendemos como oro, sino como fantasía y eso no es ilegal. Como nunca andamos armados ni tampoco obligamos a nadie a comprar y todos los carros que andamos todos están con sus respectivos seguros y los conductores con licencias de Chicago, casi siempre nos dejan ir”, declaró.

MundoHispánico consultó sobre esta problemática con las autoridades federales y dijeron que no estaban al tanto.

Sin embargo, con la información provista por la fuente se descubrió que algunas de esas personas presuntamente involucradas mandan entre 1,000 y 1,500 dólares cada semana a nombre de diversas personas en México.

“‘El Marro’ es el que manda todo desde allá y aquí la cabecilla es ‘Perla’, quien vino acá a pedir asilo después que le mataron al marido”, concluyó mi fuente.