Crónica: Adolescentes hispanos mueren baleados por otro amigo latino

  • Crónica: Adolescentes hispanos mueren baleados por otro amigo latino
  • Jugaban con un arma, uno de ellos disparó. Dos murieron, el tercero es acusado de asesinato.
  • Ocurrió en Miami, la comunidad no puede salir del terrible dolor.

Cuántas veces, hermano, cuántas veces voy a tener que escribir sobre adolescentes y armas. En este caso, dos adolescentes hispanos mueren baleados por otro amigo al que se le disparó un arma.

Julio Labrada, de 14 años, y José Villareal, de 15, fueron a casa de José Blanco, también de 15 años.

Captura de video de Local 10.com

Iban a pasar el rato jugando y charlando. Además, José B. les había dicho que les iba a enseñar algo que tenía guardado y no iban a poder creer.

Mientras los esperaba en su casa de Miami-Dade, Florida, José B. se frotaba las manos. ¡Sus amigos iban a quedar más que impresionados!

Tenía que tener cuidado porque, si papá o mama le agarraban con “las manos en la masa”, todo iba a pudrirse.

Julio y Jose V. llegaron juntos.

Todos se tomaron unos refrescos. Mamá ya tenía la despensa llena de golosinas para ThanksGiving y le había dado permiso para invitarlos.

Después de charlar un rato, los ojos de José B. se iluminaron de orgullo.

“¿Quieren ver o qué?”, dijo.

Los otros dos se apresuraron a dejar sus refrescos. ¡Sí, querían ver!

Se fueron al garaje, allí estarían más tranquilos y a salvo de miradas inoportunas.

José B. sacó algo envuelto en un trapo. Lo abrió con cuidado y se lo mostró a los otros dos.

“¡Qué buenísima!”, dijo uno de los invitados.

“¿Está cargada, bro?”, dijo el otro.

“Está cargada y lista”, contestó José B. con orgullo sujetando en su mano un arma lustrosa.

“No juegues con eso. Vamos a dispararle a algo más”.

“¡Tienen miedo! ¡Cagones!”, se reía José B.

“¡Mierda, bro, ten cuidado con eso!”.

Y no dijeron nada más.

Si lo imaginas en cámara lenta, José B. quizá zarandeaba el arma convencido de que tenía el seguro puesto. Se sentía poderoso, pero solo estaba jugando.

El arma no lo sabía.

Sintió que su cuerpo se congelaba cuando el dedo se le resbaló en el gatillo. Fue un fogonazo, un instante eterno.

Los dos amigos cayeron en el suelo, como muñecos rotos.

Uno detrás de otro, como títeres de feria unidos por una cuerda invisible, la de la muerte.

Allí quedaron tendidos, en un charco de sangre compartido que crecía cada vez más. Sin hablar. Con los ojos desorbitados de la sorpresa.

A José B. le temblaron las piernas mientras corría hacia ellos. “No jodan, levántense… ¡por favor!”.

Pero nunca más se iban a levantar. Un solo disparo accidental, una bala, terminó con las vidas de dos adolescentes. Bueno, de tres, porque José B. enfrenta cargos por homicidio involuntario.

Captura de video de Local 10.com

Yo te digo, hermano, las armas las carga el diablo. Si ya hay que ser responsable al tener un arma, hay que duplicar, triplicar, la vigilancia y el cuidado cuando hay niños y adolescentes en casa.

Y si no las tienes, también, porque ellos pueden poseer una sin que tú lo sepas y eso… mi amigo, nunca termina bien.

Lo demás es historia sabida, la policía llegó, también los medios con las cámaras encendidas, los reporteros intentando explicar lo inexplicable, las cintas amarillas de “Línea Policial No Pasar” que siempre nos dicen que, detrás de ellas, algo monstruoso sucedió…

Crónica: Adolescentes hispanos mueren baleados

Captura de video de Local 10.com

¡Qué lástima por estas vidas de la comunidad! Qué lástima por estos padres destrozados y qué lástima por los que vendrán después si no cuidamos, como adultos, de que ellos no se maten antes de serlo.

Gracias por leer mi columna de hoy, te espero en la de mañana, como siempre.

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