Miguel Martínez / MH

PERSONAJES DESTACADOS: Esperanza en la cancha (VIDEO)

Paciencia, tenacidad y mucho esmero. Y también, saberse escuchar. Porque a veces en la vida se camina muy de prisa y la voz interior desaparece.

La historia de Carla Cortijo es justamente esa. Una sucesión de esfuerzos que poco a poco la fueron llevando hasta la cancha en donde quería jugar y el lugar donde quería estar.

“Cuando tenía seis o siete años siempre quería hacer lo que hacía mi hermano mayor, así que, siguiendo sus pasos, empecé a jugar baloncesto. Ya a los nueve, comencé a participar en algunos equipos. Desde ahí comenzó mi pasión por el baloncesto. Yo creo que el deporte ya estaba ‘en mi sangre’. Sabía que era algo que haría durante toda mi vida”, cuenta la atleta de origen puertorriqueño.

El viaje comenzó intenso pero Cortijo supo hacer pausa para reconocer si el sueño era genuino y saber si sus jugadas la estaban llevando hacia el tiro perfecto.

“Eso fue luego de graduarme de la universidad. Incluso dejé de jugar por dos años, estaba cansada”, confiesa Cortijo.
Esa pausa le dio el espacio necesario para tomar otras decisiones. “Me regresé a Puerto Rico y mi entrenador de la Selección de Baloncesto Nacional de la isla me motivó a que volviera a jugar. Audicioné y fue amor a primera vista, nuevamente.

Entonces participé en los Juegos Panamericanos de 2011. Fue una gran experiencia, ganamos oro e hicimos historia. Tiempo después jugamos contra Estados Unidos en Canadá, y entonces me llamaron desde el Atlanta Dream”, relata.

Así, Carla Cortijo se convirtió en la primera puertorriqueña -nacida y criada en la isla- en formar parte de un equipo de la WNBA, un logro que hoy disfruta, pero que conserva con humildad.

“Las derrotas también son aprendizaje. Ahí es que uno se crece más como persona y como jugador. Hay que saber perder y ganar. Es parte de ser atleta. Si pierdes, tienes que tomar esa derrota como algo positivo y cambiarla para saber cómo vas a trabajar el próximo partido”, dice la jugadora.

Cortijo, como muchos inmigrantes, tuvo retos que afrontar y discriminaciones que enfrentar, sin embargo, eso fue el motor que la impulsó.

“Los sueños se cumplen. Jamás pensé que a mis 28 años llegaría a la WNBA. Nada es imposible en la vida”, asegura.

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