Hispana de 103 años arma uno de los nacimientos más grandes de su comunidad (VIDEO)

Viste suéter rojo, sombrero de Santa y sostiene una taza con chocolate caliente en la mano. Doña Edith Sarajeta de Jordan es la Navidad misma. La mujer abre despacito la puerta de su vivienda en Stone Mountain y camina suavemente por el recibidor de su residencia.

La vivienda está repleta de adornos navideños todo el mes diciembre: desde el inmenso árbol que preside la entrada de la casa, hasta las guirnaldas que se entrelazan por el barandal de la escaleras que llevan al segundo piso.

Tan solo hay que echar un vistazo al lugar por unos segundos para saber que la Navidad es una de las tradiciones más importantes para doña Edith, una panameña de 103 años que llegó a Georgia en el 2000.

“He vivido en varios países de Latinoamérica, ya sea por estudios o por negocios. Pero a Georgia vine para ayudar en la casa y cuidar a uno de mis biznietos. Para ayudar a criar al niño que ya es un hombre grande”, narró la mujer, actualmente madre de dos, abuela de cuatro y bisabuela de seis niños.

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Desde entonces, doña Edith se ha encargado de mantener viva la tradición navideña en su hogar, también residencia de su hija Ann, madre de aquel biznieto por el que Sarajeta se estableció en Georgia.

Y no ha bastado con tan solo poner un árbol de Navidad, no. Tampoco ha sido suficiente adornarlo con detalles criollos provenientes de su natal Panamá.

Ornamentos que cuida como si fueran sus mayores tesoros.

“Todos los envolvemos en papel crepé y lo guardamos cuidadosamente”, detalló.

Sin duda, lo más importante para ella ha sido, durante todos estos años, montar su nacimiento en las afueras de la vivienda.

Una representación en donde, además del Niño Jesús, San José y la Virgen María, convive casi todo Belén en figuras miniaturas.

El montaje no es de un día para otro, sino que comienza tan pronto culmina la celebración de Acción de Gracias y se extiende hasta los días previos al 25 de diciembre.

“La Navidad, desde que yo nací, significó mucho porque en Panamá cuando yo era chica, se celebraba mucho”, contó la mujer.

Y es que de ese mismo fervor, nació su pasión por los pesebres.

“Uno hacía nacimientos siempre. Por pobre que fuera una casa, esa casa siempre tenía un nacimiento. Siempre veíamos qué buscábamos para guardar. Siempre guardábamos todos los chécheres posibles para poner en el nacimiento”, agregó.

En la exposición hay figuritas que incluso pertenecieron al nacimiento de la madre de doña Edith.

“Yo venía y se las cogía cuando tenía cuatro o cinco años. Son figuritas que tienen más de 80 años”, rememoró la anciana.

Para Sarajeta, se trata de una tradición que no debería morir. Al menos no para su familia, pues todos los años, sin falta, llueva o truene, monta su nacimiento.

“Esto tiene gran valor para mí. He hecho nacimientos todos los años. Se lo he enseñado a mis hijos y ahora a mis nietos y bisnietos. Para que la tradición siga y no muera”, afirmó.

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A pesar de lo complejo de la tarea y del paso del tiempo, la mujer cuenta que busca ayuda de vecinos y amigos.

Así, toda la comunidad contribuye con la tradición.

“Cuando necesito ayuda, yo agarro a quien esté por ahí cerca para que me dé la mano”, aseguró.

Pero, en esa labor comunitaria, hay quizá unas manos que le interesan más que otras.

“Hay que traer a los niños para que vean los nacimientos y para que ellos los hagan en sus casas. Hoy en día casi nadie hace nacimientos”, enfatizó Sarajeta.

Y aunque se trata de muchas figuras, a doña Edith nunca se le olvida dónde va cada una.

“Están las ciudades, el desierto, los rebaños de oveja, lo salvaje, y hasta el río Nilo”, detalló.

No obstante, la cantidad de figuras que se usan es un número en el que doña Edith nunca se ha detenido a pensar. Como tampoco ha reparado en si sus costumbres hispanas desentonan de alguna manera con las estadounidenses que guardan sus hijos, nietos y bisnietos.

“Mi mamá se ha encargado de que convivan todas estas tradiciones juntas, pues en la familia hay miembros de diferentes nacionalidades”, explicó Ann, hija de doña Edith.

“Conservamos las tradiciones hispanas, las inglesas y las estadounidenses”, aseveró.

Sin embargo, y según cuenta la mujer, doña Edith siempre ha preferido hablarles en español.

Esa misma voluntad de hierro es la que la ha mantenido con vitalidad e ilusión durante sus 103 años.

Para ello, se ha valido de una actitud de vida que hoy es la que aconseja a toda la comunidad.

“Que no te importe lo que diga el vecino. Nada. Ni un cuarto. Acepta lo que viene como es y camina, por lo menos una hora al día. Eso es lo que me ha mantenido viva durante todo este tiempo”, puntualizó.

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