Hermanos de riñón (VIDEO)

No tuvo que llegar diciembre para que al pequeño Gabriel se le cumpliera el sueño con el que cada año concluía su carta a Santa Claus. En pleno verano, el 29 de junio, llegó el tan anhelado trasplante de riñón para su padre, Fernando Monteiro. Y aunque aquí pudiera ponerse un punto final a esta historia, este relato de una nueva hermandad, de extraños que se vuelven familia y de casualidades que no lo fueron, solo empieza.

Todo inició hace 16 años, cuando Fernando y su esposa Juliana conocieron a Adolfo Aguirre y a su esposa Greisy. Ambas parejas trabajaban en un banco, los Aguirre habían emigrado de Venezuela y los Monteiro de Brasil, todos habían crecido en Florida y se acababan de mudar a Georgia.

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Esa amistad con el tiempo se convirtió en mucho más, fue esa familia que se escoge, y así vivieron momentos importantes como el casamiento de los Monteiro, el nacimiento de los hijos, bautismos, vacaciones, cumpleaños, navidades. Y hace poco compartieron mucho más cuando Adolfo le donó un riñón a ‘Nando’, como lo llama cariñosamente.

Juliana Monteiro, Fernando Monteiro, Greisy Aguirre y Adolfo Aguirre. (Foto: Johanes Roselló)

“Es difícil de creer, esto transforma completamente la vida. Cambia tu perspectiva de vida, empiezas a pensar en futuro a hacer planes de disfrutar más las amistades, la familia, buscar un trabajo fijo porque con diálisis no podía hacer nada, porque estás siempre cansado. Es una adaptación, mezclada con una esperanza. Entonces es tan abrumador que uno piensa, ‘estoy soñando’. Es un milagro y un sueño realizado”, sostuvo Fernando.

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El brasileño sufría de insuficiencia renal por una enfermedad genética llamada riñones poliquísticos. Para sobrevivir, acudía tres veces a la semana a recibir diálisis, pero la única esperanza para Fernando, de 48 años, era recibir un trasplante de riñón, pues sabía que dentro de poco la diálisis no sería efectiva.

Así como Fernando añoraba un trasplante para seguir viviendo, hay miles de personas en lista de espera esperando por un riñón. En EE.UU., 102,824 personas esperan por este órgano, de acuerdo con estadísticas del Departamento de Salud y Recursos Humanos.

Según la agencia, cada día, 3,000 personas se suman a esta lista, y 13 personas mueren a diario, en espera de este trasplante.

Juliana y Fernando Monteiro junto a sus hijos. (Foto: Johanes Roselló)

En enero, cuando MundoHispánico entrevistó a Fernando, las palabras de su esposa reflejaban el gran temor de la familia.

“Tengo mucha ansiedad sobre el mañana, si mañana Fernando va a estar aquí para ver a los niños crecer”, dijo Juliana en aquel entonces.

Hoy día, a la esposa se le llenan los ojos de lágrimas al hablar del tema, pero su llanto es de emoción y alegría.

“Ellos me dieron básicamente mi vida y la vida de mis hijos de vuelta, porque nosotros no teníamos más eso. Mis hijos no sabían lo que era tener a su papá activo, que pudiera jugar futbol con ellos, que los pudiera llevar a la escuela. Yo estoy agradecida y voy a estar agradecida por el resto de mi vida”, dijo entre lágrimas Juliana a Adolfo y Greisy.

(Foto: Cortesía familia Monteiro)

El venezolano recordó el momento en que decidió dar el paso crucial por su amigo.

“Tú prácticamenete escribiste una publicación pidiendo un riñón, dijo a Fernando. Y ustedes (MundoHispánico) también regaron la voz diciendo ‘él necesita un riñón’, Y ese fue el momento en que mi esposa y yo nos sentamos a hablar y dijimos ‘ya es hora’”, recordó Adolfo.

Los esposos venezolanos estaban dispuestos a hacer el trasplante. Ambos pasaron por el proceso de evaluación médica, pero fue Adolfo el más compatible.

“Nosotros nos hemos visto en los mejores momentos, nos hemos visto hacer familia juntos, hemos visto nacer y crecer a nuestros hijos. Nos hemos visto en los momentos más gratos y los que no lo han sido, y saber que tú tienes en tus manos la posibilidad de regalarle una oportunidad de vida a él, no había duda de que ese era el paso correcto”, dijo Greisy.

Hoy día, Fernando se siente con una energía que no había experimentado hacía mucho y habla sin parar. Tal vez es esa nueva esperanza que día a día se iba desvaneciendo antes del trasplante.

(Foto: Cortesía familia Monteiro)

“Es una vida nueva, es como una fecha de nacimiento nueva. Voy a poder jugar con mis hijos, ir a diferentes lugares. Ahora veo una luz al final del túnel”, dijo Fernando.

Además, Adolfo se ha vuelto un promotor de la donación de riñón que le salvó la vida a su amigo y tras la que él está en perfecto estado de salud.

“Háganlo si pueden, si tienen una familia que los apoye, y si quieren tener un propósito más allá de su vida. Que lo haga cualquier persona que lo pueda hacer”, manifestó.

Aprenda más sobre la donación de órganos aquí.

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