Especial: Cuando “Hope“ es mucho más que esperanza

Lucy y Everardo tienen muchas historias para contar, pero no relatos simples o comunes, de los que quizás, día por día, se acumulan por el solo hecho de vivir; sino de personas a las cuales en el transcurso de los más recientes ocho años les han cambiado sus vidas, desde que decidieron poner el bien de los demás por encima del propio y más allá de crear una organización llamada Hope in Motion, dedicar todo el tiempo posible a ayudar a quienes más lo necesitan, y como debe ser, sin esperar nada a cambio.

Todo comenzó lejos de Georgia y cada uno por su lado. Ella, en Utah, él en California, donde finalmente el destino les unió y, sábado tras sábado, daban de comer a los desamparados en la ciudad de San José. ¨Eran unos veinte ´sándwiches´ al principio, con frituras, galletas y un pomo de agua¨, recuerda Everardo Juárez, quien no olvida el asombro de esas personas, que preguntaban con insistencia el por qué de semejante acto. ¨Queremos hacerlo y lo hacemos de corazón¨, era su respuesta.

Lucy y Everardo, junto a su niña, ayudan a más de 50 familias en el norte de Atlanta. Foto: Hanoi Martínez/MH

Y así llegaron a Georgia, a la ciudad de Flowery Branch, en el condado de Hall, ¨donde no vimos personas sin hogar¨, comenta Lucy Gómez, cuyos deseos de ayudar le llevaron a redefinir la idea. ¨Buscamos nuevas formas de hacerlo y en una Navidad nos sumamos a las posadas, pero de una manera independiente¨, asevera. Para entonces, el matrimonio, ya con una niña pequeña a la cual proveer, tenía un nuevo propósito: asistir a familias con diversas necesidades.

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Hope in Motion -Esperanza en Movimiento- es el proyecto que crearon y bajo su nombre ayudan a unas 50 familias en los Condados de Hall y Gwinnett, así como varias en México. También han donado a afectados por los huracanes Harvey en Texas y María en Puerto Rico. ¨Aunque no tenemos la forma 501 (c), para reconocernos oficialmente como una organización sin fines de lucro, decidimos formar y nombrar el proyecto pues muchas personas que deseaban ayudarnos querían saber a quién lo hacían¨, aclara Lucy.

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Y quizás en ello está uno de sus grandes valores: mayormente dan de lo que tienen como familia -no lo que les sobra o les regalan- y del fruto de sus trabajos, y en el tiempo que otros ocupan para el descanso y el ocio. ¨Nosotros no vemos tal magnitud, ni pensamos siquiera en ello, solo sabemos de alguien con necesidad y allí vamos y vemos cómo ayudarles y lo hacemos¨, se adelanta Lucy, al responder acerca del impacto de su labor en la comunidad, con carencias materiales y emocionales.

Porque no todo se trata de dar lo que se puede palpar. Al interactuar con las personas, a las cuales llegan a través de la Iglesia Católica en la que se congregan o por recomendaciones, Lucy y Everardo conocen de sus necesidades, en muchos casos artículos de la canasta básica, la asistencia con un enfermo, el asesoramiento en temas legales o una grata conversación y el abrazo sincero. ¨El hecho de ir hasta sus hogares, sentarse y conversar tiene un efecto indescriptible en ellos¨, aseguran.

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Y así lo constató Mundo Hispánico en una humilde vivienda de la ciudad de Gainesville, donde la familia Carrillo los espera cada semana. ¨Lo que más agradecemos es su amistad, que estén pendientes siempre de nosotros, de una forma o de otra nunca nos desamparan. Tienen un corazón muy grande¨, comenta Elizabeth ¨Betty¨ Carrillo, madre de tres hijos -dos de ellos necesitados de cuidados médicos- y esposa de José, el padre de familia con diabetes y quien perdió parcialmente la visión.

Y como vista hace fe, los minutos en aquel hogar fueron suficientes para demostrar cómo ¨Hope in Motion¨ les cambió sus vidas. Más allá de la canasta con comida y los artículos de aseo personal entregados, es la alegría en los ojos aguados al verse, la fuerza del abrazo de bienvenida y la diáfana conversación en un diálogo como de familia, la huella que va dejando en estas personas la esperanza en movimiento. No pudieron elegir, sin dudas, un nombre más cercano a su misión.

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Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. Un hecho marcó la vida de Lucy y Everardo. ¨Hace cuatro años me diagnosticaron cáncer linfático; sin embargo, nunca tuvimos el pensamiento de parar, las visitas se fueron reduciendo, pero nunca perdimos el contacto con ellos¨, enfatiza Lucy y agrega: ¨No pensé en retirarme y dedicarle más tiempo a mi familia¨, y mira a su pequeña Iris, de apenas siete años, quien ayuda a hacer las despensas y envolver los regalos; una integrante activa de la organización, reconocen.

Para la ciencia médica la enfermedad de Lucy era terminal. ¨Me dijeron vete a casa, pasa tiempo de calidad con tu familia¨, rememora. De ese consejo han pasado tres años, en los cuales Lucy pasó de víctima a una vida activa. ¨Seguimos ayudando, es un ´nonstop´, como si nada hubiera pasado, si bien hay días que las energías están por los suelos y yo levantándolas detrás de mí¨, confiesa.

Como parte de Hope in Motion han ayudado a cientos de personas, inclusive fuera de Estados Unidos. Foto: Hanoi Martínez/MH

El padecimiento le ha sensibilizado con personas que pasan momentos similares. Lucy relata la historia de una señora que junto a sus hijas vivía en una pequeña habitación en Gainesville. ¨Allí tenía solo una cama y un sillón, en el que se sentaba al llegar de la quimioterapia y frente a las niñas vomitaba. Durante la noche trabajaba en una ¨pollera¨ con mucho frío, soportando el dolor en sus huesos por el tratamiento¨, recuerda y las lágrimas corren por sus mejillas. Pero la mujer perseveraba, así como Lucy lo hace.

La capacidad de sentir y padecer por los demás nos distingue como raza. Pero algunos mortales, como Lucy y Everardo traspasan los límites. Es como si ayudar les viniera en vena, como si el don de dar se hubiese multiplicado en ellos. Donde se encuentre un necesitado allí estarán; cuando una sonrisa esté en los labios de un desamparado de seguro ha sido provocada por su gesto; si una familia ha recibido un abrazo de esperanza es de sus brazos, que siempre están en movimiento.

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