Abramovic, la “abuela” de la “performance” que explora los límites del cuerpo

Considerada la artista de "performance" de mayor proyección internacional, la serbia Marina Abramovic se autodenomina, a sus 74 años,

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Madrid, 12 may (EFE).- Considerada la artista de “performance” de mayor proyección internacional, la serbia Marina Abramovic se autodenomina, a sus 74 años, como la “abuela” de este género artístico en el que se mueve con soltura y con el que ha explorado los límites del cuerpo y la mente. Abramovic, galardonada este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, cuenta con una extensa carrera de más de cincuenta años, incluyendo pintura, pero han sido sus “performances”, tanto individuales como en colaboración con artistas como el alemán Ulay, las que han hecho de ella uno de los nombres más conocidos del arte a nivel mundial.

Nacida en Belgrado (Serbia, entonces Yugoslavia) el 30 de noviembre de 1946, es hija de guerrilleros yugoslavos comunistas considerados héroes nacionales. Ella misma ha dicho en alguna ocasión que heredó de su padre “el coraje”, de su madre “la disciplina y la voluntad” y de su abuela “la espiritualidad”, como rasgos importantes de su carácter.

El performance está en su sangre

Su interés por el arte data, según ha contado en muchas entrevistas, desde sus primeros meses de vida. Incluso cuenta en sus memorias que la primera palabra que pronunció no fue ‘mamá’ o ‘papá’, sino ‘el Greco’. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Belgrado (1965-1970) y completó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Zagreb (1973-1975).

Comenzó a ser reconocida a partir de una serie de trabajos “performances”, numerados del 0 al 10, bajo el título “Rythm” (1973-1975). En 1974, cuando Stanley Milgram se encontraba realizando sus trabajos sobre ética colectiva, Abramovic protagonizó en Nápoles (Italia) el “Ritmo 0”. Durante seis horas la joven artista permaneció inmóvil en su espectáculo, rodeada de numerosos objetos, cadenas, látigos, plumas o rosas.

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Trayectoria

En esos años enseñó también en la Academia de Bellas Artes de Novi Sad hasta que en 1976 abandonó Yugoslavia y empezó una carrera internacional de gran repercusión, durante la que no ha dudado en desnudarse en numerosas ocasiones para sus “performances”. Se instaló Ámsterdam donde conoció a Uwe Laysiepen (1942-2020), más conocido como Ulay, que fue su pareja sentimental y con el que empezó a colaborar explorando los conceptos de ego e identidad artística, las tradiciones de sus respectivos patrimonios culturales y el deseo del individuo por los ritos.

Juntos, realizaron “performances” como “Relation Work”, “Interruption in Space” o “Death Self” -en esta última, los actores unían sus labios e inspiraban el aire del otro hasta quedarse sin oxígeno y caer inconscientes al suelo-. El trabajo conjunto de Abramovic y Ulay -que incluso se vestían y comportaban como gemelos- acabó en 1988. Su último proyecto que tardaron cinco años en poder realizar debido a la burocracia china fue un viaje espiritual, “The Great Wall Walk”: ambos caminaron por la Gran Muralla china, comenzando cada uno por el extremo opuesto y encontrándose en el centro para darse un último abrazo.

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Romances

La artista ha estado, además, casada dos veces, con Paolo Canevari y Nesa Paripovic. En la década de los noventa, Abramovic inició una serie de trabajos en solitario que se inspiraron en sus conflictivas relaciones familiares como “Balkan Baroque” (Premio León de Oro en la Bienal de Venecia, 1997) o “Hero” (2001). Entre sus trabajos más conocidos de la primera década del siglo XXI se encuentran “The House with the Ocean View” (Nueva York, 2002), “Balkan Erotic Epic” (2005) o “Seven Easy Pieces” (Guggenheim de Nueva York, 2005).

En noviembre de 2009 expuso, en la galería La Fábrica (Madrid), “The Kitchen. Homage to Saint Therese”, basada en la vida de Santa Teresa de Ávila, y que tenía como escenario las cocinas de un antiguo orfanato minero de Gijón, donde las monjas preparaban comida para centenares de huérfanos. En 2010 dio a conocer su creación “Life and death of Marina Abramovic” (Vida y muerte de Marina Abramovic) en Múnich (Alemania), que estrenaría dos años después en el Teatro Real de Madrid.

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Una actuación mortal

Su director, Bob Wilson, y el actor Willem Dafoe, ayudan a la artista a reconstruir su vida y simular su funeral ante los espectadores. Ese mismo año exhibió su trabajo “The artist is present” en el MoMA de Nueva York. Abramovic estuvo sentada inmóvil en una silla un total de 700 horas durante tres meses, mirando a los ojos de los visitantes.

En 2012 se estrenó el documental sobre ese proyecto, dirigido por Matthew Akers, que fue nominado a mejor documental en el Independent Spirit Awards 2013 y recibió el Premio del Público al mejor documental en la Berlinale. En 2016 publicó su autobiografía, “Walking Through Walls” (Derribando muros) y en 2018 debutó como directora de escena operística en la obra “Pelléas et Mélisande” en la Ópera de Flandes.

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El nivel del mar

En Estocolmo, en 2018, la artista hizo que varios cientos de personas le dedicasen casi diez minutos a beber un vaso de agua, en una “performance” para concienciar sobre el aumento del nivel del mar y que presentó en el marco de la entrega de los Premios Nobel. En 2019 exhibió en Belgrado, por primera vez, sus obras de más de 50 años de su carrera, que comenzó justo en esta capital. Se incluyeron más de 120 pinturas, dibujos, objetos, fotografías, documentos de audio y vídeo y filmes.

Al año siguiente estrenó “Seven Deaths of Maria Callas”, un montaje operístico en torno a la figura de la inolvidable diva. Y ese mismo año la Royal Academy of Arts programó una retrospectiva sobre su obra, que tuvo que ser pospuesta a 2023 debido a la pandemia de la CIVID-19. Precisamente durante la pandemia del coronavirus firmó junto a más de 30 intelectuales europeos un manifiesto para reclamar apoyo presupuestario para la cultura.

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Premios

Ha sido reconocida con la Cruz de Comendador de Austria y ha recibido, entre otros premios, el León de Oro al mejor artista en la Bienal de Venecia (1997), el Niedersächsischer Kunstpreis (2003), el New York Dance and “performance” Award (2003) y el Cultural Leadership Award de la American Federation of Arts (2011). EFE

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