Ellos educan sobre violencia
Johanes Rosello | 1/30/2013, 10:22 a.m.
Una organización local ofrece un taller para prevenir este flagelo en el hogar.
Héctor Rivera sabe cuándo está a punto de perder el control: se pone colorado, le tiemblan las manos y se le seca la boca. Pero fue hasta hace pocos años que logró identificar las señales.
Antes de asistir a un taller para hombres que ofrece Caminar Latino, una organización que lucha para erradicar la violencia familiar, el puertorriqueño reaccionaba con violencia con su pareja, sin saber cómo manejar este problema. Fue un sacerdote quien lo refirió para recibir ayuda en el 2007.
“Tengo que saber cómo soy cuando estoy enojado, qué reacción tengo en el cuerpo, cuando va a pasar eso y dar un paso hacia atrás y controlarme”, dijo Rivera, quien a través de este programa aprendió a conocerse mejor y a identificar su violencia.
Lo mismo le ocurrió a Felipe Pérez, quien junto a Rivera dirigen las sesiones grupales de hombres de Caminar Latino. El mexicano dice que su inicio como facilitador del grupo hace 17 años fue un despertar sobre su propia violencia.
“Me di cuenta que yo también soy un hombre violento. Ahí fue cuando empezó mi proceso de recibir información y educación”, sostuvo Pérez.
“Me di cuenta de cómo mi violencia me afectaba no solo a mí, sino a mi familia, a la comunidad, y aprendí a tomar responsabilidad sobre mis propios actos”, agregó.
Asunto de todos
Aunque Caminar Latino inició en 1990 como una organización enfocada en las sobrevivientes de violencia doméstica, poco después ellas pidieron que el programa se enfocara también en sus parejas. Así, en 1995 formaron un grupo para que los hombres hablaran sobre su violencia y aprendieran nuevas estrategias para manejarla.
“Para parar la violencia doméstica hay que hacer trabajo con toda la familia”, dijo Julia Perilla, fundadora de Caminar Latino.
Para la colombiana, quien también es profesora de la Universidad de Georgia en Athens, el trabajo de 24 sesiones semanales beneficia a la mayoría de los hombres, muchos de los cuales llegan al programa obligados por la corte.
Pero los resultados dependen del trabajo individual que lleva a cabo cada uno. “Nadie puede forzar a nadie a que deje de ser violento. Todo está en que el hombre quiera cambiar”, sostuvo Perilla.
Pérez agregó que el proceso de los hombres es paulatino. “Es un cambio gradual, no es de la noche a la mañana y el cambio tiene que ser a diario”.
Así, Pérez y Rivera han ido modificando conductas e ideas culturales que afectaban la relación con sus compañeras. El mexicano, por ejemplo, dice que la ideas sexistas con las que se crió promovían una relación de poder y control.
“A nosotros siempre nos han enseñado en nuestros países a ser machistas, de que el hombre tiene que ser macho, no tiene que llorar. Que ser violento sea física, verbalmente, o emocionalmente es algo normal. Viene uno a este país y se encuentra con cosas diferentes”, afirmó.
Cuando Pérez se casó, su esposa era ama de casa, pero él no entendía la magnitud del trabajo del hogar.













