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“Me negaron mi último deseo”

Mario Guevara | 11/28/2012, 10:48 a.m.
“Me negaron mi último deseo”

Un hispano lleva más de 14 meses preso, aferrándose a no aceptar su deportación. (Vea la entrevista en video al final de esta nota)

José Guillermo Rivas considera que merece la oportunidad de quedarse en Estados Unidos por razones humanitarias y porque, además, dice que han violado sus derechos.

Rivas cometió un delito considerado grave. En septiembre de 2011 trató de renovar su licencia de conducir con un permiso de trabajo falsificado.

Tras ser descubierto por funcionarios del Departamento de Servicios al Conductor (DDS) del condado de Walton, al sureste de Atlanta, Rivas fue arrestado y acusado de uso de documentos falsos.

El salvadoreño fue encontrado culpable en corte y, tras cumplir con una breve sentencia en prisión, las autoridades lo entregaron al Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE).

Fue entonces que comenzó la peor pesadilla de su vida, de acuerdo con este centroamericano de 40 años quien permanece recluido en la cárcel de Stewart.

A fin de evitar el regreso a su país, José se negó a aceptar su salida voluntaria y tuvo varias audiencias ante jueces de inmigración, pero todos le negaron la posibilidad de dejarlo en libertad.

“Cometí un error, sí, lo acepto, pero eso no me convierte en un peligroso criminal como me han tratado”, comentó Rivas en una entrevista exclusiva con MundoHispánico desde un rincón de su celda, la que ha sido su casa por más de un año.

“No soy un falsificador, compré ese permiso ‘chueco’ porque necesitaba obtener mi licencia para poder trabajar y cubrir las necesidades de mi hogar”, agregó Rivas vestido con el traje color naranja, propio de los reos convictos de delitos serios.

Calvario familiar

Según Rivas, su negativa de volver a El Salvador es porque aquí tiene a su esposa, una ciudadana estadounidense que padece del corazón, por lo que él se considera responsable de su cuidado.

“Ella tiene una aorta tapada, no le llega suficiente oxígeno y por eso requiere estar tomando medicinas”, explicó. “Yo debería estar afuera trabajando para sacarla adelante, pero en cambio estoy aquí encerrado como un animal”.

Su cónyuge, María Rivas, confirmó a este periódico que su situación de salud es peor cada día.

“Desde que lo detuvieron me ha tocado andar de casa en casa porque no tengo forma de pagar donde vivir por lo costoso de mi tratamiento”, manifestó la mujer.

Pero el tener a su esposa enferma y estar sin poder ayudarle no es el único dolor que ha tenido que sufrir el salvadoreño.

Hace tres meses, su madre murió de cáncer y, según él, ICE le negó la oportunidad de salir a despedirla.

“ICE no me permitió acudir a su funeral, me negaron el último deseo que se concede hasta al peor asesino”, sostuvo Rivas con su voz entrecortada. “No haber visto por última vez a mi mamá fue la peor tortura que me hicieron, una injusticia imperdonable”.

José denunció que en más de una ocasión le pidió permiso por escrito a Inmigración y que el oficial a cargo de su caso lo ignoró.

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