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Una etapa de grandes cambios

Agencia Reforma | 3/14/2012, 12:50 p.m.
Una etapa de grandes cambios
¿Qué podemos hacer como padre o madre para ayudar a que esta transición de nuestros hijos adolescentes sea lo menos traumática posible? | Agencia Reforma

La pubertad es una etapa de transición entre la infancia y la vida adulta. Es durante este periodo que se definen muchos aspectos de la personalidad, ya que es un momento de cambios físicos que está acompañado de inquietudes que afectan a los adolescentes a nivel emocional.

Los padres desempeñamos un papel muy importante para darles confianza en esta transición, caracterizada por ser emocionalmente intensa.

En este periodo se activa una serie de inquietudes y actitudes que asaltan a los adolescentes:

Ansiedad por el fin de la niñez: sienten que ya no son niños, pero tampoco son adultos. Extrañan la seguridad que les daba la niñez, en la cual los padres somos una especie de figuras heroicas que les brinda protección y estabilidad

Tienen un profundo interés por la sexualidad: El despertar erótico con una explosión hormonal en el cuerpo hace que vean a los miembros del sexo opuesto con una atracción que antes no sentían. Esto puede generarles alegría, curiosidad e intensos temores.

Cambios de peso y de las formas del cuerpo: Por ser una etapa en la que el interés sexual se despierta, también empiezan a preocuparse por su aspecto físico. Temen engordar y no es raro el inicio de trastornos de la alimentación, como bulimia y anorexia.

Temor ante los cambios físicos: Por ser rápidos y abruptos, muchos adolescentes desarrollan cierto temor y ansiedad ante los cambios que ven en su desarrollo físico.

Empiezan a pensar más en un proyecto de vida: Se imaginan cómo serán de mayores y se plantean a qué se dedicarán "cuando sean grandes".

Buscan vínculos de pertenencia, tribus urbanas, grupos políticos y se hacen fans de determinados grupos musicales. Esta es una forma de construir su identidad. Los amigos pasan a ser sus mayores aliados y tienden a tener actitud rebelde ante los padres.

¿Qué podemos hacer como padre o madre para ayudar a que esta transición de nuestros hijos adolescentes sea lo menos traumática posible?

Hablémosles de sexo. Es ineludible eliminar el tabú, aunque probablemente ellos ya sepan bastante; recordemos esa broma en la que un padre le dice a su hijo: "es tiempo de que hablemos de sexo" y el hijo le responde: "dime qué quieres saber".

Prevengámoslos sobre los riesgos a los que están expuestos como el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual, como el sida, el VPH, etcétera.

Apoyémosles en sus decisiones. Si muestran atracción por alguna vocación o interés por algún oficio, procurémosles actividades que estén relacionadas, para que se enfrenten de cierta manera al mundo real y comprueben si es lo que realmente les gusta.

Hablémosles de manera natural de los problemas causados por el consumo de drogas y hagámosles ver que deben tomar sus propias decisiones y que ya están en edad de tomar la correcta.

Tratemos de no imponer porque sólo conseguiremos su rechazo. Pero tampoco debemos perder el rumbo, los padres somos la guía.

Pero lo más importante es que desarrollemos un fuerte vínculo de comunicación con los hijos, para que exista confianza y ellos sientan que tienen protección y apoyo durante esta etapa que se conoce como pubertad, que es cuando se inicia la adolescencia.

Los rasgos

Características psicológicas del púber:

  • Tiene un alto nivel de preocupación personal; el joven intenta activamente encontrarse consigo mismo.
  • Muestra una mayor introversión, a la vez que busca conscientemente modelos a imitar; surgen los ídolos y tiene mucha importancia la moda.
  • Desea que no lo comparen o confundan con otros, desean ser especiales y únicos, a pesar de imitar y seguir modelos.
  • Goza de pocas amistades, pero muy íntimas.
  • Manifiesta una tendencia al misticismo, los atrae todo lo desconocido o místico.
  • A veces expresa tendencias a la extravagancia, como formas de llamar la atención de los demás.
  • En esta edad comienza a emplear un tipo de pensamiento ya distintivo del adulto.