Salvando vidas con una sonrisa
Gustavo Martinez | 6/27/2012, 1:58 p.m.
Cuando era un joven viviendo en Michigan, René Romero casi se cambia el nombre por el de Roberto.
“Como yo era el único latino en mi escuela, todos pensaban que mi nombre era de mujer y por eso tuve muchos problemas”, dijo, soltando una carcajada. “Por eso me quería cambiar el nombre”, recordó.
Pero esos problemas quedaron atrás cuando, con el pasar de los años, el cubano se fue a la universidad con la idea de convertirse en pediatra.
“Siempre me gustó la forma en que los pediatras atendían a sus pacientes y la dedicación que mostraban en su trabajo”, comentó. “Siempre me pareció que los pediatras se mantenían más jóvenes que los otros doctores”.
Ahora, Romero está a cargo de los programas de hepatología pediátrica y de trasplante de hígado del Hospital Infantil de Atlanta (CHOA), donde trabaja desde hace 12 años.
“Al atender a un niño enfermo se entra en la vida del pequeño para tratar de mejorarla, y no solo se impacta la vida del niño, sino la de la familia entera”, dijo.
La pérdida de una de sus primeras pacientes es parte de lo que mantiene a este doctor luchando por salvar la vida de otros niños.
“Esa memoria se queda con uno. Por niñas como ella, uno sigue adelante en su carrera tratando de buscar la forma de evitar la muerte de un niño y de hacer lo más que uno puede”, declaró.
Fue en sus inicios que Romero comenzó a interesarse por los trasplantes de órganos que comenzaban a realizarse en el hospital pediátrico de Boston, donde hizo su residencia.
“Vi el cambio radical que había en esos niños. Eran niños que estaban bien enfermos que se mejoraban mucho después del trasplante. El hecho de poder dar vida a otro después de muerto es un ejemplo de bondad como no hay muchos”, comentó el pediatra.
El doctor practica lo que predica: en su licencia de manejo especifica que el es donante de órganos porque él sabe la necesidad que hay de salvar vidas a través de esto.
“Cuando llegue el momento, uno quiere participar en ese círculo de vida y darle la oportunidad a otra persona, tal vez un niño, tal vez un familiar o a un desconocido”, manifestó.
Como pediatra, Romero tiene en sus manos la vida de muchos niños que se encuentran gravemente enfermos, lo que no le inquieta.
“Siempre busco la manera de encontrar un aspecto positivo. Junto con el resto del equipo, se busca lo positivo ante la situación que enfrentemos y de ahí se saca la energía para salir adelante, porque los problemas son demasiado serios como para no tener esa actitud”, dijo.
Así como hacen falta médicos que entiendan el idioma y la cultura hispana, hace falta entre la comunidad hispana el acceso a la medicina preventiva, indicó el doctor.
“Hay mucha necesidad entre los niños latinos”, aseguró. “El problema de obesidad es tremendo entre la comunidad latina y los varones latinos tienen una predisposición a problemas hepáticos por esa obesidad”.
Conózcalo
Si hay algo que al doctor Romero le gustaría que dijeran de él, es que ha sido buen padre de familia y muy trabajador.
“Me he dedicado a mi familia, apoyando los intereses de mis tres hijos cuando estoy alejado del trabajo”, dijo.
Además, su matrimonio con una puertorriqueña ha ayudado a que Romero mejore su español, según contó.
“No hubo choque atómico entre el cubano y la puertorriqueña, sino atracción”, dijo.
También, como buen cubano, Romero es aficionado al juego de pelota.
“Yo le voy a los Bravos y mi jugador favorito es Martín Prado, porque es un jugador que se entrega a su equipo en lo que hace”...







