Educando con caricias
Belisa Urbina | 6/6/2012, 1:37 p.m.
Usualmente asociamos la palabra caricias a la idea de un contacto físico agradable hacia otra persona, pero en realidad son cualquier tipo de demostraciones, verbales o no verbales, que implican que una persona se da cuenta de la existencia de otra.
Las caricias son formas de reconocer a los demás y son vitales para vivir y sobrevivir, tanto física como psicológicamente. Si son insuficientes en cantidad o calidad, se pueden padecer serios trastornos.
Tan importante es la necesidad de caricias que muchas personas, a falta de caricias positivas y antes de no tenerlas de ningún tipo, prefieren buscar y recibir caricias negativas. Es decir, que es ‘mejor’ ser rechazado, antes que ignorado. Es por esto que algunas veces los niños recurren a conductas negativas para llamar la atención de sus padres.
En cualquier momento de la vida una persona puede empezar a cambiar positivamente su manera de dar y recibir caricias.
Si los padres realizan un cambio positivo en ese sentido, notaran en sus hijos los efectos positivos del mismo.
Al final, la necesidad de afecto de los niños se cubre con amor incondicional y reconocimiento a las tareas que realiza. En un hogar donde las caricias son abundantes y adecuadas, la corrección del error y la reprensión de la conducta no se sienten como un rechazo a la persona.
Distintas formas
Existen muchos tipos de caricias y muchas maneras de clasificarlas, pero estas son algunas distinciones a la hora de educar a los hijos:
• Caricias positivas: producen emociones o sensaciones agradables e invitan a comportarse de manera positiva. Estas incluyen besos, abrazos, palabras de elogio, notas cariñosas, sonrisas, etc. Son una de las herramientas más poderosas que tenemos los padres.
• Caricias negativas: provocan emociones o sensaciones desagradables. Incluyen la agresividad, miradas de coraje, golpes, gritos, insultos y comparaciones injustas. Disminuyen la autoestima y crean grave daño a los niños.
• Caricias a la persona: es un contacto positivo directo que se da por el solo hecho de que existe. Reafirman el hecho de que “me basta que tú seas tú”, “eres único para mí” o “te amo tal como eres”. Estas caricias son un mensaje a la vida y a la felicidad.
• Caricias a la conducta: consisten en reconocer una conducta positiva y alabar al niño por ello. Son una medida efectiva de ayudar a los niños a comportarse de la manera que esperamos. Son una invitación a superarse y mejorar, pero pueden tomar la forma incorrecta de regalos desproporcionados. Son perjudiciales si no van acompañadas de caricias a la persona.
• Pseudocaricias: estos son gestos aparentemente tiernos pero cuya intención no es el amor desinteresado. Podemos también llamarlas “caricias de compensación”. Pueden darse en forma de llenar a un niño con regalos debido a que no tenemos suficiente tiempo para dedicarle o porque se nos hace muy difícil expresarle verbal o físicamente nuestro amor. Pueden también mostrarse a través de la sobreprotección desmedida del niño, lo cual muchas veces se da para cubrir nuestros propios miedos e inseguridades. Pueden ser “caricias de competencia”, las cuales muchas veces vemos en particular cuando los padres están separados y comienzan a competir por el afecto y la atención de los niños.
Recuerde:
Sea expresivo: besos, caricias y abrazos frecuentes.
Sea genuino cuando alabe a sus hijos.
Prepare su corazón para la ternura.
Sea mesurado: tenga en cuenta la personalidad de cada uno de sus hijos.
Aplauda los pequeños éxitos y premie cualquier indicio de cambio. Esta es una invitación a seguir mejorando.
Belisa Urbina es la directora educativa de Renovación Conyugal, una organización sin fines de lucro con más de 10 años brindando consejería y programas a adolescentes, parejas y familias latinas. Más información en: www.renovacionconyugal.com













