OPINIÓN: Un golpe en casa
Desde la redacción
Rodrigo Cervantes | 7/3/2012, 12:18 p.m.
“Se debe hacer lo que en la consciencia es necesario y correcto”.
-James M. Cox, político y empresario, acerca de la labor periodística.
En el periodismo, la injusticia que denunciamos a veces nos toca a la puerta, o la tragedia que reportamos nos llega a casa.
Por desgracia, una situación similar es la que vivimos ahora en la redacción de MundoHispánico. Y así como otros medios han expuesto los golpes que sus periodistas reciben de grupos de poder o de sistemas disfuncionales, ahora nos toca hacer lo propio.
El caso en cuestión atañe a nuestro colega Mario Guevara.
Mario tiene una familia que lo quiere y un círculo de amigos que lo apoya. Dice amar a este país y contribuye diariamente para que crezca sin representarle una carga.
Por lo que sé, su récord es impecable y, me atrevo a decirlo, es quizá el periodista más conocido en la comunidad hispana a la que servimos. Sus premios nacionales son reconocimiento a ello.
Como ejemplos de su trabajo están sus coberturas a protestas y sus reportajes sobre la frontera México-EE.UU., en donde llegó a entrevistar al alguacil de Maricopa, Joe Arpaio.
Sus investigaciones sobre irregularidades en consulados y dependencias gubernamentales, incluyendo cárceles y cortes de inmigración, han servido para documentar fallas y motivar cambios. En esa labor también ha vigilado las acciones de organizaciones pro o antiinmigrantes y de oficiales electos.
Uno de los casos destacados que Mario sacó a la luz fue el de Jessica Cólotl, la estudiante de Kennesaw State arrestada por conducir sin licencia y que desató el debate nacional en torno a los estudiantes inducumentados.
Y no se pueden pasar por alto los múltiples reportajes que él ha escrito para dar voz a los desprotegidos, ya sea un enfermo desvalido o un jefe de familia empobrecido, generando movilizaciones en su ayuda.
Así, la historia de Mario podría parecer la de cualquier ciudadano ejemplar. Pero la paradoja es que él -parafraseando un poco al presidente Barack Obama- es uno de tantos estadounidenses en todos los sentidos, salvo en papel.
Hace casi nueve años, Mario huyó de su natal país, El Salvador, ante las amenazas en contra de su vida y de los suyos. Grupos radicales y vándalos lo golpearon y hostigaron por cumplir con su labor informativa.
Al respecto, el entonces jefe de Mario y editor de Fotografía de La Prensa Gráfica de El Salvador, Francisco Campos, declaró en un afidávit lo siguiente: “He supervisado a muchos fotoperiodistas a lo largo de mi carrera y en ocasiones he escuchado de amenazas hechas por grupos similares. La situación de Mario fue muchísimo más seria y por ende sobresale en mi memoria. Las amenazas en contra de su vida eran reales”.
Por ello, Mario llegó a este país en busca de asilo, siguiendo los complejos protocolos de un sistema que lo mantuvo en una especie de limbo por casi una década.
“La ineficiencia del sistema lleva años y crea incertidumbre en quienes no saben si se podrán quedar o si se deberán ir, propiciándoles una ansiedad difícil de soportar”, me dijo su abogado, Byron Kirkpatrick.






