Quantcast
Mundo Hispanico
Sirviendo a la comunidad hispana de Atlanta desde 1979

Involúcrate más

Agencia Reforma | 12/26/2012, 10:28 a.m.
Involúcrate más

Entre las quejas más frecuentes por parte de las madres de familia hacia los papás se encuentra la relacionada con la escasa intervención que ellos evidencian en la educación de sus niños.

Esto no está ligado precisamente a la falta de afecto o interés sino a la extrema dedicación al trabajo, pues algunos padres piensan que su principal función en la familia es ganar dinero para darles un futuro promisorio a sus hijos y hacen a un lado los momentos significativos en la vida de sus niños.

Estos padres no se dan cuenta de que para los pequeños es fundamental la presencia de su papá, hecho que llega a provocar poco a poco un distanciamiento que los convierte en extraños para su hijos.

Un buen número de adolescentes comenta que evaden la presencia de su papá porque no se sienten cómodos, no encuentran de qué hablar con ellos, y aunque reconocen que sí lo quieren, no le tienen confianza.

En una encuesta realizada en 1995 por la Universidad de California a niños y niñas de 9 a 14 años se encontró que los niños hablan con sus papás de aspectos relacionados con sus calificaciones y con los deportes, y las niñas conversan con ellos de compras y paseos y en menor número de sus calificaciones.

Solo el 10 por ciento de los hombres y el 20 por ciento de las mujeres dijeron que hablaban con sus papás de sus problemas y sus preocupaciones.

El 12 por ciento del total de los encuestados refirió que le tienen confianza a su papá para platicarle casi de cualquier tema, aunque únicamente el 3 por ciento dijo que puede hablar con él de sexualidad, tratándose de los varones y el 1 por ciento, tratándose de las mujeres.

Estos datos nos indican que se hace necesario sensibilizar el papel del papá en la relación con sus hijos, pues sabemos que muchos no estrechan sus lazos porque confían plenamente en la atención que les da la esposa, o porque se imponen expectativas económicas que los convierten en papás de fin de semana o bien porque no saben cómo hacerlo.

Cuando los padres se convierten en ese ser desconocido para sus hijos, sobre todo por cuestión laboral, no hay marcha atrás, no hay recuperación porque la niñez cada vez es más corta y no acompañarlos es perderse de momentos maravillosos de su crecimiento, que a fin de cuentas son estos los que van a hacer la historia de ese niño dentro de su familia.