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Al rescate de los niños rebeldes

Academia alternativa rehabilita mezclando cristianismo y milicia

Alberto Brown Rodríguez | 6/23/2011, 1:39 a.m.
Al rescate de los niños rebeldes
Profesora querida. Kathleen Casey (centro) es la consejera de AYA y una de las instructoras preferidas por los cadetes. Consuelo Silva y Jonathan Juárez la escuchan con atención. | Alberto Brown Rodríguez

Una ex policía venezolana diseñó un instituto para integrar a los chicos problemáticos a sus hogares y a la sociedad.

Con un método de disciplina que combina el estilo militar con ciencias cognitivas y la doctrina cristiana, la Academia Juvenil Alternativa (AYA, por sus siglas en inglés) busca cambiar la mentalidad de niños y adolescentes que se convirtieron en dolores de cabeza para sus familias.

Desde su apertura en octubre de 2010, la academia creada por la venezolana Rommys Chad ha reclutado a chicos ‘rebeldes’, en su mayoría latinos, que se comportan mal en sus hogares o que han sido expulsados del sistema escolar de Georgia por indisciplina o delitos menores.

“Desde que se me ocurrió la idea de formar la academia me tomó dos años para integrarla con los programas adecuados”, expresó Chad, quien de 2005 a 2007 fue policía patrullera en la Southern Polytechnic State University en Marietta.

Haciendo uso de su experiencia como policía, sus estudios de Derecho en Venezuela y los de Ciencias Forenses, Justicia Criminal, Ciencias del Comportamiento e Hipnoterapia en Georgia, Chad creó esta academia.

“Me di cuenta de que las escuelas alternativas del sistema escolar de Georgia son muy severas y no están ayudando adecuadamente a los jóvenes en su rehabilitación porque carecen de expertos en comportamiento y del entrenamiento necesario”, agregó la directora de AYA.

Actualmente, 25 niños y jóvenes -conocidos como cadetes- asisten a la academia. Según Chad, solo dos de ellos han llegado voluntariamente. Al resto los llevaron de una manera muy particular.

“Sus padres nos llaman para que pasemos por ellos. Llegamos a cualquier hora, los esposamos de manos y pies y los llevamos a la academia”, explicó Chad.

El procedimiento, de acuerdo con la fundadora de AYA, es legal y pretende mostrarle a los jóvenes la manera en que podrían detenerlos las autoridades si su comportamiento empeora. Los profesores de la academia y algunos cadetes que han mejorado su rendimiento se encargan de hacer los ‘arrestos’.

Chicos problemáticos

Por maltrato verbal a su madre, Jonathan Yañéz, un salvadoreño de 12 años, llegó a la academia hace seis meses.

“Últimamente no podía regañarle y era muy malcriado conmigo. Incluso me chantajeaba con que iba a huir de la casa sí no hacía lo que él quería”, dijo Ana Gómez, la mamá de Jonathan.

Gómez mencionó que la gota que rebasó el vaso fue el día que lo regañó y él le llamó a la policía para reportarla.

“Le recomendaron que debía comportarse mejor conmigo, que yo tenía el derecho de castigarle si se portaba mal”, agregó Gómez, quien reside en Georgia desde hace 13 años y trabaja como supervisora en un Lowe’s.

En Alpharetta, hace un año, la mexicana Gabriela Olvera estaba desesperada porque su hija Consuelo Silva, de 16 años, se escapaba de la escuela, consumía drogas y no respetaba a nadie.

“Ya no sabía qué hacer. Buscamos mucha ayuda, pero por ser indocumentados no nos hacen caso. Bendito sea Dios que un día escuché de esta escuela”, dijo Olvera, quien se dedica al hogar y a la crianza de otras dos hijas.